“Administradores de los misterios de Dios” (1Co 4,1)

Servidor de los sacramentos

Esta dimensión del ministerio, que se realiza en la celebración de los sacramentos, sobre todo de la eucaristía, está estrechamente vinculada a la anterior y a la siguiente.

En efecto, la Palabra anunciada toma cuerpo en la eucaristía y en la comunidad que la celebra. Si el servicio de los sacramentos se entendiera de modo independiente, se tendría la vía directa para una comprensión del cura como funcionario o como persona dotada de un poder sobre la comunidad, no al servicio de ella.

Por otra parte, la responsabilidad última sobre la animación pastoral de la comunidad y la presidencia de la eucaristía, aunque no estén intrínseca o indisolublemente vinculadas, guardan un estrecho parentesco.

Han de entenderse de modo complementario. Así, habría que defender igualmente la formulación de que la presidencia de la eucaristía pide la de la comunidad (talante de los últimos siglos) y la inversa (muy presente en los orígenes y primer desarrollo del ministerio ordenado). Ello ayudaría a revalorizar el papel de la comunidad en la propuesta y el discernimiento vocacional del cura.

Servicio a la reconciliación

La presidencia del cura en el sacramento de la Penitencia está demandando tanto de él como de la comunidad la disponibilidad para ser signo e instrumento de reconciliación: “Todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ireconciliaos con Dios!” (2 co 5,18.20).

Sin necesidad de pormenorizar la presencia del cura en cada uno de los sacramentos, es pertinente una referencia a su presidencia en el sacramento de la reconciliación, en unas circunstancias en las que la Iglesia local va descubriendo su vocación al servicio de la paz en esta sociedad. Este servicio se realiza en la cercanía y acompañamiento de las víctimas de todo tipo, siendo testigos de Aquel con cuyas heridas hemos sido curados (Cf 1 Pe 2,24).

Como todo sacramento, vela y revela

El sacramento vela y revela, descubre y encubre. Al referir a una realidad trascendente se queda automáticamente corto, limitado. Sólo acierta a balbucear. Ello se da también en el caso del cura, evidentemente. Su ministerio hace presente a Jesucristo como Servidor de la comunidad, pero lo hace siempre de modo muy limitado y modesto.

Entre el signo (ya sea una persona, como en el caso del cura, ya sea una realidad material) y el significado (la realidad de Dios encarnada en Jesucristo) hay una cierta proximidad y, a la vez, una diferencia insalvable.

No propietario, sino administrador

Al igual que ocurría con la Palabra, quien administra los sacramentos no es su propietario, sino su servidor.

En efecto, los sacramentos son dones de Cristo a su Iglesia, de modo que en la celebración litúrgica el sujeto primero es Jesucristo. A la Iglesia, a la comunidad concreta, se le encomiendan los sacramentos para su administración.


A lo largo de estas semanas, vamos desgranando el segundo folleto “Tras Él”, escrito por Ángel Mari Unzueta.


angel mari unzueta

Angel Mari Unzueta
Vicario General de la Diócesis de Bilbao hasta el presente curso 2017-2018
Autor del Folleto “Tras Él 2: Identidad y misión del presbítero” (2003), de la Pastoral Vocacional Diocesana y el Seminario Diocesano de Bilbao

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