Amor para siempre #PapaFrancisco

A lo largo de este Adviento, gracias a la propuesta que D. Nicolás González Pinto, sacerdote diocesano de Bilbao, nos hizo en el anterior retiro, os propongo reflexionar con las palabras del Papa Francisco en el encuentro con los seminaristas, novicios y novicias el sábado 6 de julio de 2013 (Sala Pablo VI, Roma).

Le agradezco a monseñor Fisichella sus palabras y le agradezco también su trabajo: ha trabajado mucho para hacer no sólo esto sino todo lo que ha hecho y hará en el Año de la fe. ¡Muchas gracias! Pero monseñor Fisichella ha dicho una palabra, y yo no sé si es verdad, pero la retomo: ha dicho que todos vosotros tenéis ganas de dar vuestra vida para siempre a Cristo. Ahora aplaudís, festejáis, porque es tiempo de bodas… Pero cuando se termina la luna de miel, ¿qué sucede? He oído a un seminarista, un buen seminarista, que decía que quería servir a Cristo, pero durante diez años, y luego pensará en comenzar otra vida… ¡Esto es peligroso! Pero oíd bien: todos nosotros, también nosotros los más ancianos, también nosotros, estamos bajo la presión de esta cultura de lo provisional; y esto es peligroso, porque uno no se juega la vida una vez para siempre. Me caso hasta que dure el amor; me hago monja, pero por un «tiempito»…, «un poco de tiempo», y después veré; me hago seminarista para hacerme sacerdote, pero no sé cómo terminará la historia. ¡Esto no va con Jesús! No os reprocho a vosotros, reprocho esta cultura de lo provisional, que nos golpea a todos, porque no nos hace bien, porque una elección definitiva hoy es muy difícil. En mis tiempos era más fácil, porque la cultura favorecía una elección definitiva, sea para la vida matrimonial, sea para la vida consagrada o la vida sacerdotal. Pero en esta época no es fácil una elección definitiva. Somos víctimas de esta cultura de lo provisional. Querría que pensarais en esto: ¿cómo puedo liberarme de esta cultura de lo provisional? Debemos aprender a cerrar la puerta de nuestra celda interior, desde dentro. Una vez un sacerdote, un buen sacerdote, que no se sentía un buen sacerdote porque era humilde, se sentía pecador y rezaba mucho a la Virgen, y le decía esto a la Virgen —lo diré en español porque era una bella poesía—. Le decía a la Virgen que jamás, jamás se alejaría de Jesús, y decía: «Esta tarde, Señora, la promesa es sincera. Por las dudas, no olvide dejar la llave afuera». Pero esto se dice pensando siempre en el amor a la Virgen, se lo dice a la Virgen. Pero cuando uno deja siempre la llave afuera, por lo que podría suceder… No está bien. ¡Debemos aprender a cerrar la puerta por dentro! Y si no estoy segura, si no estoy seguro, pienso, me tomo mi tiempo, y cuando me siento seguro, en Jesús, se entiende, porque sin Jesús nadie está seguro, cuando me siento seguro, cierro la puerta. ¿Habéis comprendido esto? ¿Qué es la cultura de lo provisional?

Fuente: Vatican.va

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