“Apacentad la grey de Dios que os está encomendada” (1 Pe 5,2)

A estas alturas no hace falta explicitar la vinculación de esta dimensión con las anteriores. Al ministerio del cura le corresponde el servicio de la comunión, tanto en el interior de la comunidad, como en la relación de ésta con otras y con la Iglesia local presidida por el obispo.

En la comunidad y ante ella

La cita bíblica que encabeza este apartado, dirigida a los presbíteros, presenta el ministerio del cura a imagen del Buen Pastor. Aparece de nuevo la diferenciación ante el resto de la comunidad. Pero ello no puede hacer olvidar que el cura está primeramente en ella, nunca aparte.

Al igual que los demás trata de seguir al Buen Pastor y de ejercer su responsabilidad en comunión con otros servicios, ministerios y carismas presentes en la comunidad. Es el responsable de que la partitura (el Evangelio) suene de modo armónico (a partir de la diversidad). Trata de promover y de articular la diversidad para un mejor servicio a la totalidad. El cura es “agente de pastoral vocacional”.

Compañero de camino

La caridad pastoral pide en este punto acompañar y dejarse acompañar, ser compañero de camino en el seguimiento, estimulando y apoyando la misión de toda la comunidad, sabiéndose al mismo tiempo interpelado y motivado por la fe de los demás. Ahí se realiza el ministerio y la vocación propia del presbítero.

De ahi que al hablar de la especificidad de la espiritualidad del cura, se ponga el acento justamente en el ejercicio de la caridad pastoral. en la entrega a la comunidad y, con ella, a la misión de la Iglesia.

Saber estar

Para ser pastor es necesario, ante todo, saber estar. Al decrecer el número de curas, es evidente que van a ser menos visibles o que no se les va a ver con la misma frecuencia. Pero esa realidad está pidiendo un aprendizaje a la hora de cuidar presencias, ejercitar la misericordia y mantener relaciones basadas en la confianza y en el cariño.

El buen pastor (también con minúscula) es aquél que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas. Ritmos apresurados y agendas sobrecargadas acaban generando nerviosismo en la comunidad, insatisfacción en el propio cura y sensación de impotencia en todos.

Sentido de paternidad

En el servicio pastoral aparece también una especie de “paternidad responsable” que se ejercita tanto en la comunidad cristiana como en la actividad misionera. La experiencia de Pablo resulta bien elocuente:

“Aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no tenéis muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús” (1 Co 4,15).

Esta cita un contexto claramente misionero, que va más allá del marco de la comunidad cristiana. La costumbre de llamar al cura “padre”, por ser él el principal animador y servidor de la fe, pretendía expresar esta dimensión. Es cierto que a veces se ha caído y se cae en eun estilo paternalista, aunque ahora se hable más de “acompañamiento”. Laicas, laicos y religiosas pueden dar fe de ello.

A pesar de todo. es importante actualizar y fortalecer este aspecto en las circunstancas actuales, en las que el cura puede pasar por ser un gestor de la pastoral, en detrimento de funciones que son más propias de él y más necesarias para su comunidad.

Talante misionero

La responsabilidad del cura, por tanto, no se sitúa únicamente al servicio de quienes ya forman parte de la comunidad, sino que busca nuevos ámbitos para el anuncio y la vivencia del Evangelio, en una situación como la actual, marcada por el cambio cultural.

Karl Rahner lo concretaba así hace ya más de treinta años: “Si en un futuro próximo hay que buscar entre varios hombres un párroco o un obispo capaz, no se deberia inquirir tanto si el candidato se ha encuadrado sin dificultad en el funcionamiento usual de la Iglesia, si ha llevado a cabo bien lo que se suele esperar de él desde los modelos de comportamiento acostumbrados para el ministerio eclesiástico, sino que más bien se debería preguntar si ha conseguido ya tener aceptación entre los ‘neopaganos’ y hacer cristianos al menos a uno o dos de ellos”.


A lo largo de estas semanas, vamos desgranando el segundo folleto “Tras Él”, escrito por Ángel Mari Unzueta.


angel mari unzueta

Angel Mari Unzueta
Vicario General de la Diócesis de Bilbao hasta el presente curso 2017-2018
Autor del Folleto “Tras Él 2: Identidad y misión del presbítero” (2003), de la Pastoral Vocacional Diocesana y el Seminario Diocesano de Bilbao

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