Quería contar en este artículo mi experiencia de cinco meses en la residencia vocacional del seminario. Mi vocación es una llamada sentida hace muchos años, cuando era adolescente y dilatada en el tiempo hasta este año, que tengo treinta y ocho.

Cuando estaba haciendo el bachillerato estuve en el preseminario en Barraincua. Como os decía decliné la invitación que se me hizo a entrar al seminario y estudie Psicología, de lo que después he estado trabajando y especializándome en Psicología infantil unos cuantos años.

Cuando yo estaba en el preseminario nos solíamos reunir los sábados, y en uno de los días nuestro acompañante, Jesús Sánchez Maus, nos presentó una actividad en la cual se hacía un símil entre el proyecto que teníamos con respecto a la vocación: ¿Qué queríamos ser?,¿barcos de bajo cabotaje, que están cerca de la costa o de alto cabotaje, que van mar adentro haciendo grandes travesías? Yo no recuerdo qué respuestas dieron los demás compañeros, pero yo activé mis defensas y defendí la posición que se podía ser al mismo tiempo los dos tipos de barco. Nuestro acompañante me quería explicar que se era de un tipo o se era de otro… con poco éxito, ya que no me dejé convencer, aunque sabía que él tenía razón y entendía perfectamente el fondo tan importante de la cuestión.

Pero la pregunta quedó siempre en mi interior: ¿Qué tipo de barco quiero ser?, ¿estoy respondiendo a la vocación que siento, de manera adecuada? Y no responder se plasmaba en un vacío interior. Uno puede estar haciendo muchas cosas en la vida, estudiar, trabajar… pero si no se responde a la llamada de la vocación, que en definitiva es la llamada de Jesús, a seguirle de una manera particular, la vida queda como incompleta.

Como esta pregunta estaba siempre latente en mi interior decidí darle salida acudiendo a hablar con Aitor, el rector actual del seminario. Él me dio la oportunidad de entrar en la residencia vocacional. Esto consiste en vivir en el seminario, los días que fuéramos viendo que fueran más adecuados, para ir conociendo de primera mano si yo me veía en este lugar. Mientras, seguía con el trabajo de psicólogo y estudiando dos asignaturas de filosofía. Vivir con los seminaristas, conocer cómo es su vida, sus actividades, sus ritmos, ayuda a conocer si uno se ve en este lugar y comenzar el camino en el que se va haciendo un discernimiento sobre la vocación.

En mi caso desde el primer día comencé mi andadura en la residencia desde dos claves. La primera es ir haciendo con paz las cosas. Ya que muchas veces tenemos una visión muy utilitarista de las cosas y eso nos hace convertir todo en objetivos y resultados que nos crean desasosiego. Y en segundo lugar, si la vocación es de Dios, las cosas salen adelante.

Descubrir dónde nos quiere Dios es una tarea diaria. Para ello es muy importante los momentos de oración, esto da fuerzas para hacer el resto de las cosas y poner en perspectiva. Ponernos delante del Señor y en los días luminosos agradecer el sentirle tan cerca, en los días grises ser fieles a la llamada, y en los días oscuros en los que no vemos nada sentarnos delante del sagrario y hacer como el aldeano que se quitaba la boina y decía: – Señor, Juan está aquí; y estaba en la presencia de Dios y cuando se marchaba se ponía la boina y decía: – Señor, Juan se va. Pero saber, como decía San Juan de la Cruz, qué bien se yo de dónde mana y corre la fuente, aunque sea de noche. Que Dios siempre es fiel y que permanece a nuestro lado, aunque nosotros no siempre lo percibamos.



Gorka Campos
Residencia Vocacional

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