El Camino de Santiago tiene algo especial. Los que lo han hecho lo saben. Para llegar a Santiago se puede elegir cualquiera de las rutas que hoy conocemos por las que discurrían las antiguas vías de los peregrinos. Todas atraviesan lugares de belleza natural y están jalonadas de monumentos artísticos. Hay muchos modos de hacerlo: se puede ir solo o en grupo, andando o en bicicleta, en una sola vez o por tramos. Gracias al auge que ha tenido en las últimas décadas se encuentran albergues y servicios en todas partes. Sin embargo, aunque hayan aumentado las posibilidades y las facilidades, sigue habiendo un reto: recorrer el verdadero camino, el camino interior, que es el motivo de toda peregrinación. Ese fue el objetivo que nos propusimos en el seminario a finales del curso pasado.

Dentro de nuestro plan la última semana de junio estaba reservada para una actividad comunitaria de formación. En ese contexto decidimos hacer parte del camino llamado del Norte. Es la ruta que sale de Irún y va recorriendo la costa cantábrica hasta la localidad de Arzua, donde enlaza con el camino Francés. En una semana, del 22 al 25 de junio de 2015, podíamos hacer las etapas entre Irún y Bilbao. Los tres primeros días, entre Irun y Deba, el camino va por la costa. A partir de Deba se adentra por el interior de Bizkaia.

El plan de las jornadas fue el normal de los peregrinos. Nos levantábamos pronto, hacia las 6 de la mañana. Aprovechábamos las horas más frescas de la mañana para hacer la etapa. Llegábamos a nuestro destino hacia las tres de la tarde. Nos aseábamos, comíamos y pasábamos la tarde descansando y visitando los lugares de interés. A última hora participábamos en la Eucaristía con las comunidades de cada lugar. Y por la noche cenábamos, compartíamos lo vivido y después nos íbamos pronto a dormir. Casi todas las noches nos alojamos en locales parroquiales, excepto en Zarautz, donde los franciscanos nos dejaron una sala del convento y en Deba, donde dormimos en el albergue municipal.

El camino tuvo momentos especiales. Algunos más duros, como cuando nos perdimos ¡el primer día! y tuvimos que andar un poco más la mañana siguiente. O las lesiones, sobre todo la de Andrés, que a pesar de lo mucho que estaba disfrutando tuvo que abandonar por una caída. Otros más gratos, como el baño que nos dimos en Zarautz o el almuerzo que nos ofrecieron en Lezama, tan esplendido que dejó a algunos fuera de juego… La tarde que pasamos en Gernika nos visitó Don Mario y pudimos asistir con él a la Eucaristía. Y durante las mañanas hubo muchos momentos de compartir y hablar mientras andábamos.

El plan fue posible gracias a la colaboración de algunas personas. Del sacerdote de nuestra diócesis Javier Macua, que nos preparó un dossier con toda la información necesaria y nos lo presentó en un coloquio que hicimos con él previo a la salida. Y que tuvo el detalle de venir a pasar con nosotros la tarde que estuvimos en Markina. También nos ayudó mucho la familia de Jaime Pizarro al prestarnos su furgoneta. Gracias a ellos pudimos hacernos la comida y el plan nos salió bastante más barato. Aitor y Eusebio también nos visitaron casi todos los días y estuvieron pendientes de lo que nos hiciera falta. Y las personas que nos acogieron en los diferentes lugares, los sacerdotes y las comunidades con las que pudimos compartir los momentos de oración, quienes nos alojaron y todas esas personas anónimas que fuimos encontrando en el camino y nos ayudaron con una orientación o simplemente con una sonrisa o un «Buen Camino». Ha sido una experiencia enriquecedora y desde luego el próximo junio nos gustaría volver al Camino. De Bilbao a Santander hay justo seis etapas…


miguel veraMiguel Vera
Seminarista Diocesano de Bilbao
1º Licenciatura Historia de la Iglesia (III Fase)

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