Día del seminario 2015: nuestros seminaristas

“Ven y sígueme”. Dejar todo no es fácil, pero confiando en el Señor todo se puede. Un Jueves santo sentí que el Señor me estaba llamando y aquí estoy, con un objetivo: seguir al Señor, dar mi vida para servir a los demás y cumplir su voluntad.
(Borja S.)

Cuando me preguntan acerca de la vocación, no sé bien qué decir, mucho menos cómo explicarla. La vocación es algo que no deja de sorprenderme: cada día la misma pregunta, pero con matices diferentes, cada día la misma respuesta, pero con mayor profundidad y sinceridad. Sé que Él quiere lo mejor para mí y confío en Él.
(Alex)

Estar con y para la gente es el mayor gozo que uno puede vivir en su ministerio. Contemplar las obras grandes que el Señor va haciendo en la vida sencilla de la gente y hacer presente ahí mismo a Dios. A esto estamos ardientemente llamados.
(Fran)

Quiero configurar mi vida en el seguimiento a Jesucristo pobre, humilde y rico en misericordia. Vivir en intimidad con el Padre para ser transformado por la alegría de ese don, siendo prójimo, hermano, al servicio de su Iglesia.
(Miguel Ángel)

La vocación supone dejar que Dios confirme todos los días de mi vida el camino de servicio a los que Él ha puesto en mi camino.
(Carlos)

Lo mejor que podemos hacer es poner en el centro de nuestras vidas a Dios, cuya carga es ligera y su yugo suave, para salir a las periferias e invitar a cuantos nos encontremos a procurar este encuentro.
(Imanol)

El porqué de la vocación, echando la vista hacia atrás, es un continuo encuentro con Cristo. Hasta el punto de poder afirmar: “sé de quién me he fiado”.
(Borja U.)

La vocación al sacerdocio consiste en entregarse cada día más a Dios, dejándose modelar por sus manos, sabiendo que lo que se va a recibir no es más que felicidad en todos los momentos de la vida.
(Jaime)

Dios me ha mirado con una mirada compasiva y misericordiosa para, seguidamente, tenderme la mano invitándome a seguirle, y si quiere que le siga hacia el sacerdocio, eso haré porque se bien de quien me he fiado.
(Jorge)

Pienso que ahora tengo que prepararme para servir. No es un aprendizaje fácil, pero me siento bien acompañado.
(Miguel)

La vocación es un don y una llamada que Dios nos hace, y que estoy dispuesto a aceptar y a responder con total amor y entrega.
(Dany W.)

Durante esta etapa final, he descubierto algo que en mi vida siempre ha estado ahí: la evangelización como sanación de relaciones, como entrega a las comunidades fraternas. Esa ha sido siempre mi vocación, y por fin encuentro que esto lo puedo llevar adelante en la presidencia de la Eucaristía.
(Alberto)

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