Día del seminario 2016: carta del obispo

«Enviados a reconciliar»

Carta de nuestro obispo Mons. D. Mario Iceta

Queridos hermanos y hermanas:

Apenas clausurado el año de la misericordia, y en el contexto del tiempo de Adviento, celebramos la solemnidad de la Concepción Inmaculada de María. De Ella hemos recibido el rostro de la misericordia del Padre, Jesús nacido de la Virgen Madre. Ella lo concibió en su seno por obra del Espíritu Santo. De Ella tomó nuestra carne. Y así, en esta nuestra carne se manifiesta la misericordia infinita del Padre que sale a nuestro encuentro en el rostro y en la vida del Señor.

En esta fiesta de María, celebramos el día del Seminario. El lema elegido para este año es “enviados a reconciliar”. El envío es propio de los discípulos misioneros, que somos todos los cristianos. Por el bautismo entramos en el discipulado de Jesús y somos enviados por Él para testimoniar su amor y misericordia. El lema de esta jornada se quiere referir de modo particular a los seminaristas que, respondiendo a la llamada del Señor, se preparan para ejercer su ministerio saliendo al encuentro de quienes necesitan del consuelo, de la luz, del amor, de la misericordia de Dios. El envío nos recuerda a la Iglesia en salida de la que nos habla el Papa Francisco.

papa-francisco-palomaQueremos ponernos, con sencillez y humildad, pero con decisión y audacia, en estado de misión. Es el Señor quien nos envía a los cruces de los caminos, a los lugares de sufrimiento y desesperanza, allí donde se desenvuelve toda vida humana para anunciar el Evangelio del Señor, para hacer presente la misericordia de Dios. La reconciliación es precisamente una de las formas más delicadas y profundas de misericordia. La reconciliación con Dios, con los hermanos, con el prójimo, con quienes hemos ofendido o hecho daño, con nosotros mismos, es especialmente necesaria en nuestros días. Necesitamos esta reconciliación no sólo en nuestra vida personal, sino también en la sociedad en que vivimos.

“Enviados a reconciliar”, el lema de esta Campaña, además de un componente eminentemente de regeneración personal y comunitaria, adquiere hoy la riqueza de una experiencia espiritual: se trata de provocar que el hombre que busca, o que simplemente vive en la indiferencia, se encuentre vitalmente con el Dios revelado en Jesucristo: el Padre de la misericordia, cuyo rostro se ha hecho visible en su Hijo encarnado. Y encontrándose con Él pueda también sentirse realmente perdonado, sanado, iluminado, consolado.

Esta es, de modo particular, la tarea del sacerdote. En la oración para el Jubileo de la misericordia rezamos: “Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios”. Dios manifiesta su fuerza en la debilidad, su poder en la humildad y la mansedumbre. En nuestra propia debilidad, Él quiere realizar su obra y enviarnos como instrumentos suyos para que todos se sientan siempre esperados, amados y perdonados. Hermosa y apasionante tarea que Dios quiere poner de modo particular en manos de sus ministros.

Este año el Señor ha estado grande con nosotros. Tendremos la dicha de contar con cuatro nuevos sacerdotes. Es un fruto precioso del año de la misericordia. Por eso, os quiero pedir encarecidamente que sigáis orando por los todos sacerdotes, de modo particular por los que este año voy a ordenar, y por los seminaristas. Que sigáis pidiendo para que el dueño de la mies envíe operarios a su mies, para que el Señor siga suscitando nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal. Que el Espíritu Santo toque los corazones de los jóvenes llamados a este servicio para que respondan con generosidad y alegría.

Hoy es un día para orar de modo particular por nuestros seminaristas y colaborar con las necesidades del seminario en la medida de nuestras posibilidades. También os invito a que os acerquéis al seminario, que conozcáis a los seminaristas y el modo en que se desenvuelve su preparación para ser los presbíteros entregados, alegres y humildes que necesitan nuestras comunidades.

Hoy los encomendamos de modo particular a la Virgen María. Que por su intercesión el Señor siga llamando a muchos jóvenes para que le sigan como discípulos misioneros en el ministerio sacerdotal y que respondan a la llamada del Buen Pastor que no ha venido a ser servido, sino a servir y entregar la vida para que en Él tengamos vida en abundancia.

Con gran afecto.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa
Obispo de Bilbao


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Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

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