Día del seminario 2016: Guión litúrgico

LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DÍA DEL SEMINARIO
«ENVIADOS A RECONCILIAR»

Notas previas:
Si estamos utilizando la “Corona de Adviento” en las celebraciones, hoy los dos cirios ya están encendidos.

MONICIÓN INICIAL

    Hermanas y hermanos: La fiesta de la Inmaculada que hoy celebramos, forma parte significativa del tiempo de Adviento que nos prepara a la Navidad. Una vez más, María, la Virgen del Adviento, nos ayuda a prepararnos para acoger con gozo a Jesucristo en nuestras vidas.

    Ella, elegida por el mismo Dios Padre para ser la morada de su Hijo en la tierra, nos enseña y nos invita a acoger de corazón a Jesús que viene a nuestro encuentro, para ser fieles seguidores de su mensaje.

    Hoy es también el Día del Seminario, con el lema: “enviados a reconciliar”. El sacerdote es un amigo del Señor llamado a continuar su misión: construir el Reino de Dios. Como el Maestro, el discípulo, que siente su debilidad con acuciante dolor, sabe que su misión se vuelca hacia los más necesitados, para brindarles “la primera misericordia de Dios” y hacia los pecadores, para invitarlos a que inicien el camino de vuelta a la casa del Padre.

    Pidamos al Señor que nos regale con las vocaciones sacerdotales que necesita nuestra Iglesia diocesana para servir en ella.

    Iniciemos la celebración unidos en el canto.

SALUDO DEL PRESIDENTE

    El Dios de la misericordia que visitó a María y la llenó de su gracia, esté con todos vosotros.

ACTO PENITENCIAL

    Con humildad, pedimos a Dios el perdón que necesitamos para celebrar dignamente esta eucaristía, lo hacemos por intercesión de santa María, concebida sin pecado.

— Tú, Amor que sana y perdona: Señor, ten piedad.

— Tú, Promesa que se cumple: Cristo, ten piedad.

— Tú, Esperanza que no defrauda: Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA 1ª LECTURA (GN 3,9-15.20)

    La primera lectura nos anuncia que, desde los orígenes, el pecado atraviesa toda la historia del ser humano; pero también la promesa y la realización de la salvación.

    Una mujer, María, es la única que no experimenta el pecado y es portadora de la Nueva Vida.

MONICIÓN A LA 2ª LECTURA (EF 1,3-6.11-12)

    El apóstol Pablo comienza su carta a los Efesios con un himno de bendición. Es una síntesis de todo el plan salvífico de Dios.

    Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos, hijos e hijas suyos.

ORACIÓN UNIVERSAL

    Con la confianza propia de quienes sabemos que Dios es nuestro Padre, rico en misericordia, le presentamos nuestras necesidades.

1. Que la Iglesia agradezca a Dios el don del sacerdocio, por ser instrumento de misericordia, enviado a reconciliar, teniendo en sus manos la gracia del perdón. Roguemos al Señor..

2. Que el papa Francisco, los obispos, presbíteros y diáconos, con un corazón genero-so, amen al pueblo que tienen encomendado con las entrañas misericordiosas de Jesucristo, buen Pastor, y sean, a los ojos del mundo, el rostro compasivo del Señor, buen Samaritano. Roguemos al Señor.

3. Que nuestros seminaristas sean desde ahora generadores de reconciliación, y así muchos puedan redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Roguemos al Señor.

4. Que quienes sufren y pasan necesidad en estos tiempos difíciles, sientan que es-tamos a su lado implicados en hacer posible la justicia que Dios quiere para todos. Roguemos al Señor.

5. Que sepamos acompañar las vocaciones que pueden surgir entre nosotros. Ro-guemos al Señor.

    Te presentamos, Padre de misericordia, nuestra oración por la poderosa intercesión de María Inmaculada, y concédenos lo que te pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MONICIÓN A LA COLECTA PARA EL DÍA DEL SEMINARIO

    La colecta que ahora realizamos está destinada a nuestro Seminario Diocesano pa-ra que pueda cumplir la tarea formativa de los futuros presbíteros y acompañar en la Pas-toral Vocacional a quienes se plantean la posibilidad de ser curas en nuestra Diócesis. Tenéis, si deseáis, unos sobres a vuestra disposición. Gracias por vuestra generosidad.

REFLEXIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    ¿Por qué el sacramento de la reconciliación precisa del sacerdote?. Pues sencilla-mente porque Cristo quiso continuar su obra de curación y de salvación mediante la Iglesia. Y por ello a ella le deja la fuerza de su Espíritu. Concretamente confía el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles, el cual sigue siendo realizado hoy por sus sucesores, los obispos, y sus colaboradores, los presbíteros.

    Esta no es una tarea más, es un envío concreto de Jesucristo a todos los sacerdotes: ejercer el ministerio pastoral buscando a las ovejas perdidas, alentándolas a participar de la reconciliación con Dios. Actuar como el buen samaritano curando sus heridas, acoger a quien ha errado en su vida como el Padre al Hijo pródigo.

    Efectivamente mediante la reconciliación el sacerdote está llamado a ser misericordioso de una forma privilegiada. El sacerdote es, en definitiva, el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador. Para aquel que se acerca al sacramento de la reconciliación, la confesión es un verdadero regalo divino que le permite caminar hacia Dios sintiendo la paz interior. Entonces, cuánto más regalo será para el sacerdote el sentirse enviado por Dios para posibilitar esta reconciliación.

    Por eso la confesión, antes que una tarea, es un regalo para el sacerdote, llamado a ser instrumento de la gracia divina que posibilita la reconciliación del ser humano con Dios.

DESPEDIDA DEL PRESIDENTE (DESPUÉS DE LA BENDICIÓN)

    Que esta celebración nos llene de esperanza para seguir caminando en este Ad-viento y convertirnos, como María, en testigos fieles del amor de Dios.

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