Director espiritual… ¿y eso qué es?

Mi dedicación en el Seminario es la guía y la animación de la vida espiritual, la vida en el Espíritu, de cada uno de los miembros que estamos en esta casa, llamados-candidatos al presbiterado. Si bien la vida espiritual es uno de los ejes de la formación, en realidad ella es como el alma de toda la formación cristiana y sacerdotal.

El padre o guía espiritual, designado por el Obispo, es alguien que con humildad y entrega está llamado a realizar una tarea hermosa, siempre desde el máximo respeto, dulzura y discreción: invitar a los jóvenes a la escucha y búsqueda de la propuesta de Dios para ellos, a la transparencia y coherencia de vida correspondiendo con la Gracia, a la confianza en el amor de Dios y en la ayuda de la Iglesia, a la generosidad en la entrega desterrando miedos y dudas pues quien llama e invita al seguimiento y al servicio es el Señor, el Amor que no defrauda.

El director espiritual es un hombre que, a su vez, camina con sus compañeros, buscando juntos la voluntad de Dios y dejándose él mismo interpelar por la Palabra de Dios y la luz del Espíritu Santo. Él mismo también realiza un camino de fe.

Porque el ser humano es alguien con deseos, tres son mis “deseos” u objetivos en la guía espiritual dentro del seminario:

a) suscitar y favorecer una verdadera experiencia cristiana

Que haya un encuentro con el Señor, que descubramos, como el evangelista Mateo (Mt 9, 9-13), que el Señor “mirándonos nos llamó y nos invitó a seguirle”. El núcleo de fuego de la vivencia cristiana es la relación de amor con la Persona de Jesucristo, nuestro Salvador. Si esto es así para todo creyente, para un llamado lo es de un modo radical. La vocación sacerdotal nace de la experiencia misteriosa y subyugante del encuentro amoroso con el Señor de tal suerte que toda la persona con todos sus recursos queda englobada en la preciosa tarea de compartir la misión del Señor.

Para vivir este “amor enamorado” que el candidato al ministerio trae en el joyero de su alma es necesaria la oración. La oración es intensa en el Seminario y es la respuesta que damos a la invitación que Él nos ha hecho. El fundamento más sólido de la vida de oración no es nuestra propia búsqueda, nuestra iniciativa personal, nuestro deseo, sino la llamada de Dios. S. PABLO dirá:

Orad en todo tiempo movidos por el Espíritu” (Ef 6, 18).

b) orientar todo hacia la caridad pastoral

Un amor del que estamos hablando, hace existencialmente imposible la dedicación a intereses particulares; se trata de cuidar y privilegiar lo que Dios ama. Se trata, sí, de ser “rezadores” pero más, “apostólicos”. Lo que define y caracteriza nuestra vida es la caridad pastoral: somos llamados a ser pastores de la grey que se nos confía.

Esta caridad específica nuestra consiste no sólo en echar una mano sino en servir; no se trata de escuchar educada y atentamente a la gente sino de percibir y sentir sus urgencias; no se trata de echar sermones sino de alentar, sostener e iluminar; no se trata sólo de ser simpático y comunicativo sino alguien que, sobre todo, quiere, valora y está con la gente.

c) fomentar el ambiente familiar

Finalmente, un director espiritual es como un “abuelo”, o mejor dicho, un “tío”. En toda casa o institución hay convivencia y ésta genera roces, malentendidos… Se trata de fomentar el entendimiento y la comunión siguiendo el ejemplo de Cristo, manso y humilde de corazón.

Así pues, misión bella y fina, tarea que los antiguos tratados de espiritualidad definían al guía espiritual (para quien lo viva con fe y lo asuma así), como padre y maestro, médico y amigo, signo del Buen Pastor. Si bien verdaderamente sólo Dios es Padre y posee la plenitud de la paternidad, no es menos verdad que participamos de esa paternidad espiritual a condición de “descalzarnos” como Moisés delante de la zarza ardiente, porque la tierra que pisamos es sagrada y también porque el acompañamiento espiritual se apoya no en la simple amistad sino en el amor de Cristo. Es el deseo de que nuestros hermanos conozcan al Redentor:

Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn 17, 3).


Dionisio Larrañaga

Dionisio Larrañaga
Sacerdote Diocesano de Bilbao
Director espiritual del seminario

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