El acompañamiento juvenil

El acompañamiento es la respuesta a una necesidad de los jóvenes; y también una llamada. Es una relación personal de acogida, de escucha y propuesta de estímulos para el crecimiento en la vida cristiana. El acompañamiento es un signo de este tiempo (Mons. Carlos Escribano, Obispo de Calahorra-La Calzada-Logroño, Hacia una pastoral juvenil del Acompañamiento).

La tarea de acompañar a los jóvenes en las distintas problemáticas de su existencia debe realizarse desde un enfoque personalista, un enfoque en el cual se ponga en el centro de toda actividad humana a la persona. Hoy en el tiempo de las comunicaciones la gran paradoja es que nos comunicamos mucho pero al mismo tiempo necesitamos ser escuchados, no juzgados.

El joven se mueve en el mundo de las sensibilidades, busca emociones fuertes y al mismo tiempo se muestra demasiado sensible a la autoridad impositiva de orden moral o familiar. Necesita confiarse a un interlocutor que se muestre interesado no en corregirle sino en apoyarle, pues quien te corrige te habla desde un sitial de superioridad, mientras quien te apoya está a tu lado, camina contigo.

Acompañamiento es caminar junto a… es la mejor manera de acercarse a una situación de dificultad. Acercarse como ese cómplice que te escucha, que te dedica parte de su vida y aprovechando su complicidad te ayuda a mejorar. Sin que acompañamiento sea sinónimo de cambio radical.

Solo desde la confianza que inspira el acompañante el joven sabrá abrir lo más sagrado que tiene, su patrimonio intimo hacia aquel que se interesó no por corregir un problema, sino por indagar porque estaba ese problema, cuál era la raíz, desde una apertura que comprende y no juzga.

Aprender de la mirada de Jesús con el joven rico, Jesús lo miro con cariño (Mc 10, 21), los jóvenes necesitan afecto. Muchos errores que cometen se dan por inmadurez afectiva, por la poca inteligencia emocional, por la carencia de afectos saludables. Los jóvenes necesitan nuestra comprensión, como la samaritana del Evangelio, que vive una vida de desorden afectivo (Jn 4, 18), y Jesús le hace nacer deseos de plenitud hacia un amor que le cambia la vida.


david garrido
David Garrido
Residencia Vocacional

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