El cura es un regalo

Don de Jesucristo

Como ocurre en toda vocación cristiana, el punto departida no se encuentra en la valía o en las aptitudes personales, siempre importantes, ni en la urgencia de la misión,siempre ineludible, sino en el don (de Jesucristo) que invita adonarse (uno mismo). La entrega libre e incondicional de la persona se va abriendo camino a medida que va descubriendo un amor primero que le llama y sostiene.

Suele decirse que “para ser cura — como para todo hay que tener vocación”. Es algo elemental, pero no ha de ser entendido primeramente como algo que la persona posee, sino como respuesta agradecida a un amor desinteresado que ella va descubriendo en su vida.

Lo anterior excluye una comprensión que se base en la realización de funciones, tareas o servicios, por muy vitales que puedan ser para la comunidad cristiana. Resultaría pobre una valoración de la necesidad del cura, si descansara fundamentalmente en los servicios (normalmente relacionados con la actividad sacramental) que realiza o puede realizar.

Más de una vez se oye la pregunta: “¿Qué puede hacer el cura, que no pueda hacer nadie más en la comunidad?” Deshojando la margarita de actividades y funciones, no quedaría prácticamente identidad alguna. Se llegaría a un callejón en cuyo fondo se advierte una visión utilitarista del cura como aquél que puede consagrar y absolver. Pero para este viaje no se necesitan alforjas

Ofrecimiento personal y participación de la comunidad

La prioridad de la llamada personal no significa que la vocación se resuelve en un “mano a mano” con Jesús. Toda vocación se encarna en una persona situada en una realidad cultural, social, eclesial. Ahí se encuentra y se discierne también la llamada de Dios.

Así se puede entender mejor que la posibilidad de ser cura le pueda ser presentada a alguien por la comunidad cristiana o por alguno de sus responsables: “discernida la situación, la comunidad cristiana necesita un cura y creemos que tú puedes serlo”. Este planteamiento, que de hecho funciona cuando se trata de otros servicios eclesiales, es muy propio de una comunidad que se siente responsable de su misión.

Propiedad de Dios

En general, las comunidades cristianas sienten al cura como un regalo de Dios, más allá de las limitaciones personales. Aunque este sentimiento esté en parte sustentado por la conciencia de la escasez, permite adentrarse en un aspecto que, sin ser exclusivo del ministerio ordenado, está también en lo más íntimo de su identidad: el hecho de ser propiedad de Dios.

Toda persona está hecha “a imagen y semejanza” de Dios, porta su sello. En virtud del bautismo, toda persona creyente puede hacer suyas proclamaciones como las siguientes: “Tú eres mi hija o hijo muy amado”, “Tú eres mío”.En el cura, esas palabras resuenan de manera propia.

Algo de esto se ha querido expresar al decir que los sacramentos del bautismo, la confirmación y el orden,cada uno a su manera, “imprimen carácter”, es decir,caracterizan, configuran a la persona. Algo de esto quiere expresar también el celibato, que, sin ser un elemento constitutivo del ser del cura, guarda un estrecho parentesco con su identidad.

Don del Espíritu

La Iglesia es obra del Espíritu. Éste va guiando a la comunidad cristiana, alentando la búsqueda de los modos y medios de evangelización más apropiados a cada tiempo y lugar. El ministerio del cura no es ajeno a esta acción del Espíritu, que suscita la pluralidad de vocaciones, impulsa nuevos y diversos modos de entender la vida y el ministerio del cura en la práctica y actualiza el testimonio evangélico de la comunidad y de sus miembros.

No conviene identificar sin más la abundancia de curas con la actividad intensa del Espíritu en la Iglesia. El regalo del Espíritu no ha de interpretarse necesariamente desde la perspectiva del número,como si la situación actual estuviera indicando “adormecimiento” del Espíritu o escasa capacidad de escucha a sus llamadas.

En el momento presente, ¿no estará el Espíritu demandando estilos nuevos de evangelización y de inculturación, apuestas misioneras más audaces y modos renovados de entender los ministerios en la comunidad cristiana?


A lo largo de estas semanas, vamos a ir desgranando el segundo folleto “Tras Él”, escrito por Ángel Mari Unzueta.


angel mari unzueta

Angel Mari Unzueta
Vicario General de la Diócesis de Bilbao hasta el presente curso 2017-2018
Autor del Folleto “Tras Él 2: Identidad y misión del presbítero” (2003), de la Pastoral Vocacional Diocesana y el Seminario Diocesano de Bilbao

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