El cura es un regalo peculiar

¿Es el ministerio presbiteral una opción más en la pestaña “servicios y ministerios” dentro del programa “Iglesia” o “comunidad”? Pues sí y no.

Servicio cualificado

El término ministerio se aplica a servicios de la Iglesia que atienden tareas fundamentales para la existencia y la misión de la comunidad, comportan un nivel notable de responsabilidad y estabilidad, y se encomiendan a una persona de modo público, normalmente a través de un rito litúrgico. Los ministerios son, por tanto, servicios cualificados, y el del cura, entre otros, lo es.

Ya se ha dicho que ser cura es un regalo entre otros del Espiritu a la comunidad, que ha de ser compartido. En este sentido, sí se trata de un ministerio entre otros desempeñados en la comunidad cristiana.

Servicio a la comunión

Con todo, la cualificación del cura no deja de ser muy peculiar. el suyo es un servicio vital para la comunidad cristiana, va unido normalmente a la presidencia de la comunidad y constituye un encargo de por vida, que se transmite a través del sacramento del orden. Desde esa perspectiva, no es un ministerio más.

A obispos y curas se les encomienda velar y promover el “label” de calidad o la “denominación de origen” del mensaje cristiano. Por eso se afirma su carácter necesario y constitutivo para la comunidad. Su peculiaridad se concreta en su vocación de ser algo así como el tejido conjuntivo de los demás servicios, ministerios y carismas.

El ministerio ordenado se remonta históricamente a los apóstoles, que designan a sucesores que cuiden y promuevan la autenticidad del mensaje, animen la vida de las comunidades e impulsen su actividad misionera. Muy pronto ese ministerio ordenado se concretó en el episcopado, el presbiterado y el diaconado, siendo los presbíteros y los diáconos, cada uno con su peculiaridad, colaboradores del obispo, que presidía la Iglesia local.

Servicio de servicios

No es cuestión de establecer un ranking ministerial. Podria hablarse, en todo caso, del cura como del “último de la fila” de servidores, lo cual no dejaría de ser un modo de singularizarse, de hacerse notar evangélicamente. Lo que se trata de afirmar aquí, en definitiva, es que el ministerio ordenado es imprescindible.

Ello no equivale a afirmar que el futuro de la Iglesia está mejor garantizado por un número elevado de curas o que tiene que haber un cura por comunidad. Sin curas (tampoco sin pueblo de Dios o sin lacado), no hay Iglesia.

Dicho en positivo, donde haya Iglesia y mientras ésta exista, habrá curas. La afirmación, nada ingenua. afecta directamente a los modos de discernimiento y presentación de candidatos al ministerio.


A lo largo de estas semanas, vamos desgranando el segundo folleto “Tras Él”, escrito por Ángel Mari Unzueta.


angel mari unzueta

Angel Mari Unzueta
Vicario General de la Diócesis de Bilbao hasta el presente curso 2017-2018
Autor del Folleto “Tras Él 2: Identidad y misión del presbítero” (2003), de la Pastoral Vocacional Diocesana y el Seminario Diocesano de Bilbao

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