El deporte, darlo todo para recibirlo todo

Teledeporte, Beinsport, Gol TV, Marca TV, las Olimpiadas, el Mundial, la Eurocopa, fútbol y basket, natación y atletismo… el deporte forma parte de nuestra vida y, si no de la nuestra, si de la de aquellos que nos rodean.

La decisión de escribir este artículo fue a raíz de orar y reflexionar acerca de la organización del II Trofeo Seminario de Bilbao de fútbol 4 x 4 y mi primera participación en la EdP Bilbao Night Marathon. Puede resultar un poco extraño esto de orar con el deporte, sin embargo, creo de verdad que es un lugar de encuentro con Dios puesto que esta actividad nos habla de Él y su presencia en nuestra vida. Por ello, quiero compartir esta reflexión en torno al segundo de estos eventos citados.

Toda carrera consta de cuatro momentos clave que se reflejan en nuestra vida y en nuestro camino vocacional. El primero de ellos es la salida y los primeros kilómetros. Para llegar hasta ahí he recorrido un camino, me he entrenado, pero todo está por venir. Tengo la estrategia en la cabeza, de manera que soy consciente de las dificultades que encontraré, incluso se que la estrategia puede venirse abajo y que tendré que improvisar. Sin embargo, estoy emocionado porque soy consciente del gran regalo que supone estar en la línea de salida. Así, con la cuenta atrás, el pitido de inicio y los fuegos artificiales, comienza la carrera. Estoy viviendo lo esperado.

Jorge Ugalde en la Marathon nocturna por Bilbao 2016
Jorge Ugalde en la Marathon nocturna por Bilbao 2016

El segundo momento llega cuando llevo recorridos los primeros kilómetros, es el haber encontrado tu ritmo. Estoy totalmente inmerso en la lucha por la carrera, compartiendo estos instantes con otros que buscan hacer un tiempo parecido al mío, el cual había entrenado previamente.

Pero, todo corredor se enfrenta, tarde o temprano, al tercer y más temido momento: la crisis. He perdido el ritmo en el que hasta el momento me sentía cómodo, me cuesta respirar algo más y veo que hay algunos corredores que me adelantan. Entonces me apoyo en aquello que parece no formar parte de la carrera pero que es de ella tanto como yo: la gente y sus aplausos, la botella de agua que me ofrecen y una fuerza interior que me sostiene, que no frena mis piernas. En ese momento lo estoy dando todo.

La carrera no ha acabado y llega el cuarto momento, ese en el que he de dar el salto, el momento para el cual iba destinado todo el entrenamiento, esto es: el sufrimiento y el esfuerzo se unen a la emoción y el gozo del comienzo. Estoy viviendo verdaderamente lo esperado. Integro el darlo todo y recibirlo todo. Es dolor y gracia, así he llegado a la meta.

Toda vida y, por tanto, toda vocación atraviesa, de una u otra forma, estos cuatro momentos. Lo importante es ver en cada uno de ellos a Dios y, de modo especial, en el último, porque en eso consiste la vida. Dios está en el don y la tarea que se nos presenta al comienzo de la carrera. Es todo un regalo estar allí, pero hay que entrenar y después correr. Acompaña el ritmo constante transformando el corazón humano en cada paso, en cada detalle. Está en la crisis y el dolor, no hay más que volver la vista a Cristo. Está en la botella de agua, en los aplausos y es esa fuerza interior. Y, más que nunca, está y realiza la integración del dolor y el amor. El deporte nos enseña que la vida es saber integrar dolor y amor en Dios. La vida es darlo todo para recibirlo todo. La vida es salir de uno mismo para que el Otro con mayúscula, que está también presente en el otro con minúscula, te llene por entero.

Quiero concluir con estas entrañables palabras del papa emérito Benedicto XVI tras la pregunta de un sacerdote en el encuentro con párrocos y sacerdotes en la Iglesia de Santa Juntina mártir (24 de julio de 2007):

Católico quiere decir precisamente “síntesis”. Por eso, yo no soy partidario de una alternativa: o jugar a fútbol o estudiar Sagrada Escritura o derecho canónico. Hay que hacer las dos cosas. Es bueno hacer deporte. Yo no soy un gran deportista, pero cuando era más joven me agradaba ir a la montaña de vez en cuando; ahora solo hago algunas caminatas muy fáciles, pero siempre me gusta pasear aquí en esta hermosa tierra que el Señor nos ha dado.

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