Enseñar a discernir

Reproducimos el encuentro privado del Papa Francisco con algunos jesuitas polacos en Cracovia durante la JMJ el pasado verano de 2016, donde el habla no sólo sobre los jesuitas, sus universidades y por qué él mismo se hizo jesuita, sino también de la importancia del discernimiento en los seminarios y en los seminaristas (como futuros sacerdotes).

Su mensaje llega al corazón de los jóvenes. ¿Cómo hace para hablarles tan eficazmente? ¿Podría darnos algún consejo para trabajar con los jóvenes?

Cuando hablo, tengo que mirar a la gente a los ojos. No es posible mirar a los ojos a todos, pero yo miro a los ojos a este, a este, a este… y todos sienten que les miro. Es algo que me surge espontáneo. Es esto lo que hago con los jóvenes. Pero luego los jóvenes, cuando hablo con ellos, hacen preguntas… Hoy en la comida, me han hecho algunas preguntas… Me han preguntado incluso cómo me confieso. Ellos no se avergüenzan. Hacen preguntas directas. Y a un joven hay que responder siempre con la verdad. Hoy en la comida, a un cierto punto llegamos a hablar de la confesión. Una joven me preguntó: «¿Cómo se confiesa usted?». Y comenzó a hablarme de ella. Me dijo: «En mi país hay muchos escándalos relacionados con los sacerdotes, y nosotros no tenemos el valor de confesarnos con ese sacerdote que vivió esos escándalos. No soy capaz». Lo veis: te dicen la verdad, y en algunas ocasiones te reprenden… Los jóvenes hablan directamente. Quieren la verdad, o al menos un claro «no sé cómo responderte».

Nunca hay que buscar escapatorias con los jóvenes. Lo mismo con la oración. Me han preguntado: «¿Cómo reza usted?». Si tú respondes una teoría, quedan decepcionados. Los jóvenes son generosos. Pero el trabajo con ellos requiere también paciencia, mucha paciencia. Uno me ha preguntado hoy: «¿Qué tengo que decir a un amigo o a una amiga que no cree en Dios para que pueda llegar a ser creyente?». Es esto: se ve que en algunas ocasiones los jóvenes necesitan «recetas». Entonces se debe estar preparados para corregir esta actitud de petición de recetas y de respuestas ya preparadas. Yo les respondí: «Mira, la última cosa que debes hacer es decir algo. Comienza a hacer algo. Luego será él o ella quien te pedirá explicaciones acerca de cómo vives y por qué». Es esto: hay que ser directos, directos con la verdad.

¿Cuál es el papel de la Universidad de los jesuitas?

Una Universidad dirigida por los jesuitas debe orientarse a dar una formación integral y no solamente intelectual, una formación de todo el hombre. En efecto, si la Universidad se convierte simplemente en una academia de nociones o una «fábrica» de profesionales, o en su estructura prevalece una mentalidad centrada en los negocios, entonces está realmente fuera de su camino. Nosotros tenemos en nuestras manos los Ejercicios. Este es el desafío: llevar la Universidad por la senda de los Ejercicios. Esto significa arriesgar sobre la verdad y no sobre las «verdades cerradas» que nadie discute. La verdad del encuentro con las personas está abierta y requiere dejarse verdaderamente interpelar por la realidad. Y la Universidad de los jesuitas debe ser incorporada también en la vida real de la Iglesia y de la Nación: en efecto, también esto es realidad. Una particular atención se debe prestar siempre a los marginados, a la defensa de aquellos que tienen mayor necesidad de ser protegidos. Y esto —que quede claro— no es ser comunistas: es sencillamente estar de verdad comprometidos con la realidad. En este caso, en particular una Universidad de los jesuitas debe estar plenamente comprometida con la realidad expresando el pensamiento social de la Iglesia. El pensamiento liberal, que desplaza al hombre del centro y ha puesto en el centro el dinero, no es el nuestro. La doctrina de la Iglesia es clara y hay que seguir adelante en este sentido.

¿Cómo fue que se hizo jesuita?

Cuando ingresé en el seminario, ya tenía una vocación religiosa. Pero en ese tiempo mi confesor era anti-jesuita. Me gustaban también los dominicos y su vida intelectual. Luego me enfermé, tuve que someterme a una intervención quirúrgica en el pulmón. Después de esto me ayudó espiritualmente otro sacerdote. Recuerdo que cuando le dije al primer sacerdote que entraba con los jesuitas, él no lo tomó bien. Pero en esto se manifestó la ironía del Señor. En ese tiempo se recibían las órdenes menores. La tonsura se hacía en el primer año de teología. El rector me dijo que fuera a Buenos Aires a buscar al obispo auxiliar, monseñor Oscar Villena, para que viniese a presidir la ceremonia de la tonsura. Yo fui a la Casa del clero, pero me dijeron que monseñor Villena estaba enfermo. En su lugar había otro monseñor, que era precisamente aquel primer sacerdote que ahora era obispo. ¡Y precisamente de él recibí la tonsura! Y hemos hecho las paces después de tantos años… Sí, mi elección por la Compañía, puedo decir, maduró por sí sola

En este grupo hay algunos sacerdotes apenas ordenados. ¿Tiene consejos para su futuro?

Tú lo sabes: el futuro es de Dios. Lo máximo que nosotros podemos hacer son pronósticos. Y los pronósticos son todos del mal espíritu. Un consejo: el sacerdocio es una gracia verdaderamente grande; que tu sacerdocio como jesuita esté empapado de la espiritualidad que tú has vivido hasta ahora: la espiritualidad del «Suscipe» de san Ignacio.

(En este momento el encuentro parecía terminar con la entrega de regalos al Pontífice por parte de algunos jesuitas que siguieron a los jóvenes que viven la espiritualidad ignaciana, llegados de todo el mundo a la JMJ. Pero Francisco quiso añadir una recomendación, y todos se sientan nuevamente)

Quiero añadir ahora una cosa. Os pido que trabajen con los seminaristas. Sobre todo dadles a ellos lo que nosotros hemos recibido de los Ejercicios: la sabiduría del discernimiento. Hoy la Iglesia necesita crecer en la capacidad de discernimiento espiritual. Algunos planes de formación sacerdotal corren el peligro de educar a la luz de ideas demasiado claras y precisas, y, por lo tanto, actuar con límites y criterios definidos rígidamente a priori, y que prescinden de las situaciones concretas: «Se debe hacer esto, no se debe hacer esto…». Y, así, los seminaristas, cuando llegan a ser sacerdotes, se encuentran con dificultad al acompañar la vida de tantos jóvenes y adultos. Porque muchos preguntan: «¿Se puede o no se puede esto?». Esto es todo. Y mucha gente sale del confesionario decepcionada. No porque el sacerdote sea malo, sino porque el sacerdote no tiene la capacidad de discernir las situaciones, de acompañar en el discernimiento auténtico. No ha tenido la formación necesaria. Hoy la Iglesia necesita crecer en el discernimiento, en la capacidad de discernir. Y sobre todo los sacerdotes tienen real necesidad del discernimiento para su ministerio. Por esto es necesario enseñar a los seminaristas y a los sacerdotes en formación: ellos recibirán habitualmente las confidencias de conciencia de los fieles. La dirección espiritual no es un carisma solamente sacerdotal, sino también laical, es verdad. Pero, repito, es necesario enseñar esto sobre todo a los sacerdotes, ayudarles a la luz de los Ejercicios en la dinámica del discernimiento pastoral, que respeta el derecho, pero sabe ir más allá. Esta es una tarea importante para la Compañía. Me quedó muy grabado un pensamiento del padre Hugo Rahner. ¡Él pensaba claro y escribía claro! Hugo decía que el jesuita debería ser un hombre de olfato sobrenatural, es decir, debería estar dotado de un sentido de lo divino y de lo diabólico relativo a los acontecimientos de la vida humana y de la historia. El jesuita debe ser, por lo tanto, capaz de discernir tanto en el campo de Dios como en el campo del diablo. Por esto en los Ejercicios san Ignacio pide ser introducido tanto en las intenciones del Señor de la vida como en las del enemigo de la naturaleza humana y en sus engaños. Es audaz, es audaz de verdad lo que ha escrito, pero es precisamente esto el discernimiento. Hay que formar a los futuros sacerdotes no en las ideas generales y abstractas, que son claras y concretas, sino con este fin del discernimiento de los espíritus, para que puedan verdaderamente ayudar a las personas en su vida concreta. Es necesario de verdad comprender esto: en la vida no es todo negro o todo blanco. ¡No! En la vida prevalecen las escalas del gris. Es necesario, entonces, enseñar a discernir en este gris.

Fuente: L’Osservatore Romano

(Visited 75 times, 1 visits today)

Related posts

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.