Jaime Pizarro. Un verano muy activo.

 

Después de un verano lleno de actividades los seminaristas hemos vuelto a comenzar la vida en el seminario. Pero para que cada año comencemos con fuerza los seminaristas solemos tener un mes de actividades y otro mes para estar junto a la familia.

Las actividades pueden ir desde estudios o formación hasta voluntariados o campamentos. En mi caso lo que he hecho este año ha sido ir a un campamento con la parroquia de Leioa y un voluntariado en el albergue de peregrinos de Laredo. El campamento, que duro entorno a unos 11 días, fue en un pueblo de Álava, Anucita, en el cual estuvimos conviviendo con los niños y niñas del grupo de tiempo libre de la parroquia, Biltoki. La experiencia fue muy enriquecedora, tanto por la relación que se consigue con los chavales como por la variedad de edades que había (7-14 años).

La estancia en Laredo fue de una semana, en ella estuve, junto con Gorka, ayudando a las hermanas trinitarias a acoger a todos los peregrinos que pasaban por Laredo (etapa del Camino de Santiago del norte). Todos los días eran muy ajetreados, ya que no se sabía cuándo iban a venir los peregrinos y tampoco cuantos podían ser (la media fue de unos 70 peregrinos). Lo que más me gustaba de toda esta experiencia era la cena en la que se compartía comida traída por los peregrinos y así daba lugar a conversaciones en las que contaban su motivo para comenzar el Camino de Santiago y nosotros contábamos nuestra vida en el seminario y que nos llevo a entrar en él.

Para finalizar el verano, el seminario fue a la Jornada Mundial de las familias en Dublín.

jaime pizarro
Jaime Pizarro, seminarista de segunda fase.

 

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