La amistad y la fraternidad #PapaFrancisco

Continuamos con la 4a parte de la reflexión sobre las palabras del Papa Francisco en el encuentro con los seminaristas, novicios y novicias el sábado 6 de julio de 2013 (Sala Pablo VI, Roma).

La coherencia es fundamental, para que nuestro testimonio sea creíble. Pero no basta; también se necesita preparación cultural, preparación intelectual, lo remarco, para dar razón de la fe y de la esperanza. El contexto en el que vivimos pide continuamente este «dar razón», y es algo bueno, porque nos ayuda a no dar nada por descontado. Hoy no podemos dar nada por descontado. Esta civilización, esta cultura… no podemos. Pero, ciertamente, es también arduo, requiere buena formación, equilibrada, que una todas las dimensiones de la vida, la humana, la espiritual, la dimensión intelectual con la pastoral. En la formación vuestra hay cuatro pilares fundamentales: formación espiritual, o sea, la vida espiritual; la vida intelectual, este estudiar para «dar razón»; la vida apostólica, comenzar a ir a anunciar el Evangelio; y, cuarto, la vida comunitaria. Cuatro. Y para esta última es necesario que la formación se realice en la comunidad, en el noviciado, en el priorato, en los seminarios… Pienso siempre esto: es mejor el peor seminario que ningún seminario. ¿Por qué? Porque es necesaria esta vida comunitaria. Recordad los cuatro pilares: vida espiritual, vida intelectual, vida apostólica y vida comunitaria. Estos cuatro. En estos cuatro debéis edificar vuestra vocación.

Y querría destacar la importancia, en esta vida comunitaria, de las relaciones de amistad y de fraternidad, que son parte integrante de esta formación. Llegamos a otro problema. ¿Por qué digo esto: relaciones de amistad y de fraternidad? Muchas veces me he encontrado con comunidades, con seminaristas, con religiosos, o con comunidades diocesanas donde las jaculatorias más comunes son las murmuraciones. ¡Es terrible! Se despellejan unos a otros… Y este es nuestro mundo clerical, religioso… Disculpadme, pero es común: celos, envidias, hablar mal del otro. No sólo hablar mal de los superiores, ¡esto es clásico! Pero quiero deciros que es muy común, muy común. También yo caí en esto. Muchas veces lo hice. Y me avergüenzo. Me avergüenzo de esto. No está bien hacerlo: ir a murmurar. «Has oído… Has oído…». Pero es un infierno esa comunidad. Esto no está bien. Y por eso es importante la relación de amistad y de fraternidad. Los amigos son pocos. La Biblia dice esto: los amigos, uno, dos… Pero la fraternidad, entre todos. Si tengo algo con una hermana o con un hermano, se lo digo en la cara, o se lo digo a aquel o a aquella que puede ayudar, pero no lo digo a otros para «ensuciarlo». Y las murmuraciones son terribles. Detrás de las murmuraciones, debajo de las murmuraciones hay envidias, celos, ambiciones. Pensad en esto. Una vez oí hablar de una persona que, después de los ejercicios espirituales, una persona consagrada, una religiosa… ¡Esto es bueno! Esta religiosa había prometido al Señor no hablar nunca mal de otra religiosa. Este es un hermoso, un hermoso camino a la santidad. No hablar mal de los otros. «Pero padre, hay problemas…». Díselos al superior, díselos a la superiora, díselos al obispo, que puede remediar. No se los digas a quien no puede ayudar. Esto es importante: ¡fraternidad! Pero dime, ¿hablarías mal de tu mamá, de tu papá, de tus hermanos? Jamás. ¿Y por qué lo haces en la vida consagrada, en el seminario, en la vida presbiteral? Solamente esto: pensad, pensad. ¡Fraternidad! Este amor fraterno.

Pero hay dos extremos; en este aspecto de la amistad y de la fraternidad, hay dos extremos: tanto el aislamiento como la disipación. Una amistad y una fraternidad que me ayuden a no caer ni en el aislamiento ni en la disipación. Cultivad las amistades, son un bien precioso; pero deben educaros no en la cerrazón, sino en la salida de vosotros mismos. Un sacerdote, un religioso, una religiosa jamás pueden ser una isla, sino una persona siempre dispuesta al encuentro. Las amistades, además, se enriquecen con los diversos carismas de vuestras familias religiosas. Es una gran riqueza. Pensemos en las hermosas amistades de muchos santos.

Fuente: Vatican.va

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