La Iglesia está muy viva

A lo largo de mi recorrido en el seminario he tenido la gracia de ir conociendo diferentes aspectos de la pastoral: catequesis, grupos de chavales, visitas a enfermos, animación de celebraciones… y este curso he podido acompañar a un grupo de jóvenes adultos que buscan vivir la fe en Jesús en medio de sus vidas universitarias y laborales.

Estos jóvenes (de todas las edades, pero de una media de unos veintiocho años) han ido conformando un grupo que empezó hace curso y medio y que, poco a poco, mediante el anuncio que ellos mismos han hecho a otros, ha ido creciendo hasta formar, de momento, un grupo de casi veinticinco personas. Y yo, como acompañante del grupo, no puedo sentirme más afortunado y, al mismo tiempo, maravillado.

Y es que existe la idea generalizada -y no solo entre quienes no pertenecen a la Iglesia- de que los jóvenes no quieren comprometerse ni saber nada de Dios. Y, sin embargo, aquí están estos chicos y chicas, que quieren conocer mejor a Jesús, quieren pasar un rato rezando con Él, quieren atreverse a encarar temas que afectan a su vida… y, además, quieren hacerlo como grupo. Para ello, se reúnen todos los miércoles en la parroquia de las Mercedes, en Las Arenas.

Se trata de un soplo del Espíritu, que llena de esperanza y promete que esto no se acaba, sino que renace. ¿Y qué puedo hacer yo como acompañante suyo? Pues dejarles hacer, recordando siempre que el grupo es suyo y -aunque a veces surja la tentación de olvidarlo- no mío, animándolos a crecer como seguidores del Señor y también a crecer en cuanto a miembros del grupo. Es una gran alegría poder ser testigo de su generosidad, de su valentía y de su buen ánimo y, durante el tiempo que me toque acompañarlos, quiero disfrutar y aprender mucho. Y, sobre todo, quiero ser capaz de no olvidar nunca que la Iglesia, lejos de estar muerta, está muy viva.

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