– ¡Hola, Rebe! ¿Te apetece un trago? ¡Venga, te invito!
– ¡Madre mía, Pablo! Desde que el mundo es mundo, tú no habías invitado a nadie; ¿me equivoco?
– Sí te equivocas, pero, vamos a dejarlo.
– En cualquier caso, ¿a qué debo el honor?
– ¡Jo, Rebe, a ver si tú me cuentas algo! Porque, si estoy esperando a que Ana suelte la lengua, siquiera sea un poquito…
– ¿A qué te refieres?
– A vuestro encuentro con el Obispo, por ejemplo.
– ¡Ah, sí, claro que te cuento! Pero, ¿te importa que sea aquí mismo, ahora que la gente está entretenida en los preparativos de la excursión parroquial? Es que, no tengo mucha sed, la verdad.
– ¡Vale! A esto se le llama matar dos pájaros de un tiro.
– ¡Ay, Pablete! ¡Qué puño tan prieto, el tuyo!
– Bueno, al grano, Rebe.
– Mira, voy a empezar por una cosa que me dijo D. Zacarías que hizo diana en mi corazón.
– ¡Muy bien, como quieras!
– Yo le estaba confesando que no dejaba de preguntarme si sería verdad que Dios me llamaba, pues no tengo ninguna cualidad destacada.
– Pues, a unos cuantos, nos pareces muy bondadosa; ¡por ejemplo!
– Gracias, Pablo, pero, ¡qué va!
– Ya sabes aquello de que lo que más nos identifica externamente es el rostro…
– … ¡y uno mismo no se lo ve!
– ¡Eso! Pero, los otros, sí.
– ¡Caray, te estás armando con una munición argumentativa muy poderosa!
– Siga ud, por favor.
– No tengo ninguna cualidad destacada. Y D. Zacarías me respondió dos cosas a esto.
– ¡A que acierto una de ellas!
– A ver.
– Que si le estuvieras explicando cómo te ves la candidata idónea, entonces estaría seguro de que estabas errando el tiro, en lo que toca a la Vocación.
– ¡En efecto! Casi con esas mismas palabras. ¿Cómo lo sabías?
– No se olvide ud: Servidor también está muy metido en procesos de discernimiento vocacional.
– ¡Claro!, y hay aspectos comunes.
– ¿Y la segunda?
– Esta hizo que me asomaran unas lagrimillas. Por cierto, el Obispo, muy atento, me ofreció un pañuelo de papel.
– Pero, ¿qué te dijo?
– Que Dios tiene derecho a enamorarse de quien Él elija.
– ¡Jopé! No me extraña que te emocionaras. Y tiene miga la frase, ¿eh?
– Ya lo creo. Todo un Dios enamorado de mí; ¡de esta calamidad!
– ¡Ya estamos!
– ¿Sabes en quién pienso con mayor agradecimiento, cada día que pasa?
– Esta te la voy a acertar, también.
– ¿Por qué?
– Porque es alguien para quien yo comparto ese creciente sentimiento de gratitud.
– ¿Seguro?
– ¡Seguro! Es D. Serafín, ¿a que sí?
– Sí. ¿Cómo lo sabías?
– Es que, cada vez que pienso en esta Parroquia, de la que no dejan de salir Vocaciones… Porque, tampoco nos faltan Matrimonios jóvenes orientados, con decisión, a la Santidad.
– Este Cura ha sabido seguir la estela de sus Antecesores y profundizar en Comunión y Eclesialidad.
– ¡Caray, Rebe, qué palabras! Yo, sin más, diría que la clave para él es que vivamos el Evangelio: Vivir, antes que organizar, estructurar, planificar…
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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