LA VIDA BOCA ARRIBA LII

– Hoy me he confesado, Ana.
– Ya veo que has adquirido ese buen hábito, hermanito.
– Y, también, el gusto. Es verdad que se pasa uno cierta vergüenza.
– Santa vergüenza, la llama el Papa. ¡Claro!, al Confesonario no vamos a presumir, precisamente.
– ¡Cierto! No sé si te he dicho alguna vez que noto que me hace bien confesarme con regularidad.
– ¡Normal!
– Hoy he caído en la cuenta de una cosa que dice el Sacerdote en la fórmula ritual de la Absolución.
– ¿A qué te refieres?
– Mira: «Dios que envió el Espíritu Santo para la remisión de los pecados.»
– La verdad, esa parte, yo siempre la dejo para meditarla en otra ocasión.
– Dios envía el Espíritu Santo para que el pecado remita en el mundo y en la historia.
– Vale.
– Pero, en concreto, para que remita en el penitente; para que pierda terreno en mí, que lo escucho, al recibir la Absolución.
– Oye, entonces, ¡claro!…
– ¿Por qué, entonces, sentirnos abocados a repetir Confesiones una y otra vez?
– Eso sería no ver más allá de nuestra naturaleza.
– ¡Eso mismo pienso yo, Ana! Pero, ¿y la Gracia?
– La Gracia que Dios derrama sobre nosotros, cada vez que recibimos Su Abrazo sacramental de Reconciliación: Gracia, a la vez que Perdón y olvido.
– Sin la Gracia, ¡imposible la Santidad!
– Pero, se nos llama a ser santos, como nuestro Dios es Santo; perfectos, como Él es Perfecto; misericordiosos, como Él es Misericordioso.
– Y nosotros decimos que eso es imposible; que, si acaso, es una orientación, un horizonte vital que la Escritura abre para nosotros. Porque, quizá, no creamos en la Gracia.
– ¡Caray, Pablete. cómo estás creciendo!
– ¿No se trata de eso, Ana? ¿De madurar en la Fe hasta el día en que Dios nos llame junto a Él?
– Sí, eso es avanzar en la Fidelidad a Dios, seguir de cerca a Cristo, librar el combate de la Fe.
– Cuando, durante años, he estado pensando que lo importante, sobre todo, es el compromiso, ¡qué raquítica apertura a la Gracia! y ¡qué confianza tan fatua en mi propia naturaleza!
– Sí, Pablo, la naturaleza casca siempre; incluso, la de quien más excelente pueda ser en el camino cristiano.
– Pero, la Gracia suple lo que nuestra naturaleza no puede dar; y actúa a través de ella.
– Sí, oye, ¿sabes que veo que voy venciendo mi natural impaciencia con una Fuerza que no es mía? Me doy cuenta a toro pasado. Me digo: «¡Anda, Ana, en una situación así, otras veces, te habría hervido la sangre y te habrías disparado!»
– En fin, celebrar el Sacramento del Perdón representa, para mí, el gozo de un Encuentro con Cristo vivo que me mira hasta lo más íntimo con Amor y me reconcilia consigo, regalándome la Gracia para que, en adelante, no peque más.
– Pablo, antes, no teníamos estas conversaciones.
– Ahora que lo dices…
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
(Visited 53 times, 1 visits today)

Related posts

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.