LA VIDA BOCA ARRIBA LIV

– ¡Hay que ver, hija, es admirable cómo te aguantas las ganas de trabajar!
– ¡Oye, Ama, que son las nueve! Y hoy tengo libre en el currelo.
– Si te ve tu padre ahí tiradorra…
– ¡Jo, qué hombre! Por él nadie se levantaría más tarde de las siete, ni siquiera en días de fiesta.
– En su casa, siempre ha visto trabajar sin desmayo. Y, además, ya sabes tú que cuesta mucho sacar adelante un negocio.
– Sí, recuerdo temporadas en que las pasó canutas. Aunque, lo sé, en realidad, porque me lo contasteis. Ni a él ni a ti os noté nunca nada.
– Pues, en el Convento, no creo que haya muchos días en que puedas estar en cama hasta las nueve, salvo que estés enferma.
– Tienes razón. Por lo que he podido ver, se trabaja mucho.
– Son muchas cosas que atender, Ana.
– ¡Y tanto! La limpieza de todo, la cocina, las compras, el mantenimiento, la huerta, la enfermería…
– Estas Monjas realizan labores de lavado industrial como fuente de ingresos, ¿no?
– Eso mismo. Y sigue sumando: Sacristía, canto…
– ¡Hija, allí sí que vas a caer rendida, cada noche!
– Ya lo creo.
– ¿Qué te dicen en el trabajo, ahora que has anunciado tu marcha al Convento?
– Ha habido un poco de todo, pero estoy muy contenta.
– Se lo dijiste a tu jefe, en primer lugar, ¿verdad?
– Sí, anteayer. Fue muy respetuoso. Sin más. Me dijo que se alegraba por mí, si ese paso me hacía feliz.
– Supongo que quedaría perplejo.
– Pero, ayer, vino la responsable de zona.
– ¿La que está casada con uno del pueblo de tu padre?
– No, del pueblo de al lado. Pero, sí, esa.
– Bueno, pero es normal que pase de vez en cuando, supongo.
– Ya, pero había estado poco antes. Esta vez, casi todo el rato se lo pasó conmigo.
– ¿Contigo?
– Sí, me llamó a una sala de reuniones y me dijo que el jefe la había puesto al corriente de mi marcha.
– ¿Y?
– Me dijo que le parecía una decisión valiente y muy honda.
– ¿Eso te dijo? Pero, esta mujer, de creyente, poco se le conoce, ¿o me equivoco?
– Alguna vez, ha dejado caer que se considera agnóstica. Pero, interés, mostró un montón. Preguntas sobre el lugar, sobre las Monjas, sobre mi Vocación…
– Me dejas bizca, hija.
– Mira, Ama, a ti te lo puedo decir: me parecía advertir en ella un no-sé-qué de admiración.
– Pudiera ser, Ana. Hay mucha gente honesta que busca y busca.
– Y me ha llamado la atención que, cuando ya se ha ido corriendo la noticia, me han venido varias personas a felicitar, mostrándose como gentes de Iglesia. Ni yo lo sabía de ellas ni ellas de mí.
– ¡Ay, cómo nos escondemos!
– Sí, creo que tienes razón: No tenemos bien cogida la medida de lo que debe ser nuestra presencia creyente en el mundo.
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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