LA VIDA BOCA ARRIBA LX

– Kepa, ¡estoy encantado! ¡Qué iniciativa tan preciosa ha tenido D. Zacarías!
– Ha sido, de verdad, un encuentro muy entrañable, Donse.
– ¡Y qué croquetas!
– ¡Anda, hombre!
– Oye, todo tiene importancia. Claro, como tú has sido la estrella de la comida…
– ¡Será posible!
– En serio, Kepa, el Obispo lo ha dejado caer, mirándote a ti prolongadamente: el acontecimiento de anteayer, en la Exaltación de la Santa Cruz, no habría sido posible sin ti.
– ¡No ha dicho eso, hombre!
– Pero, ¿dónde estabas? ¿Me vas a hacer llamar a Dani…
– ¡Doro!
– Bueno, ¡como se llame el Cura de Nekane!
– Venga, déjalo, Donse.
– ¡No lo dejo, caray! Reconociendo que simplificaba un poco, ha dicho que, sin el planteamiento vocacional de Ana, ni Nekane ni Rebe. ¡Y es verdad!
– Por favor, yo sólo le pregunté, en su día, si había pensado en la Vida Contemplativa.
– ¡Te parecerá poco, plantear un cuestionamiento claro, serio y prudente!
– Bueno, pero es el Señor…
– ¡Claro que es el Señor! E, incomprensiblemente, Él se sirve, también, de nosotros. Pero, Ana ha sido eslabón clave en esta cadena. Y detrás de ella, tú.
– Oye, Donse, me da que tú vas a ser convocado, de nuevo. Esta vez, a cuenta de Pablo.
– Si saca unas croquetas tan deliciosas, ¡como si es esta misma noche!
– ¡Qué bella fue la Misa de entrada en el Aspirantado! Y las tres, muy recogidas.
– Ese Capellán me gustó mucho. Se dirigió a las tres en tono paternal, pero sin ñoñerías. ¡Muy bien!
– ¡Qué bien canta!, ¿eh?
– ¡Cierto! Oye, ¡cómo arengó a la Comunidad para que sea, con las tres, acogedora en extremo; y, a la vez, ejemplo en el que fijarse!
– En fin, ¿qué tal habrán empezado?
– Bien, ¡seguro! ¿Cuándo van a Daimiel? ¿Era por la Fiesta de S. Pablo de la Cruz?
– Sí, al día siguiente, el 20 de octubre. Pero, antes, las tendremos diez días, en casa.
– ¡Jajajajá! Hablas como una madre, Kepa.
– Oye, la Tiburciana parecía jovencísima.
– ¡Y tanto! Claro, que estas Monjas, con esos velos, siempre engañan con la edad.
– Pero, para mí, la más destacada fue la Madre Cruz.
– Muy notable, también.
– Se puede llevar toda la vida en el Convento y no ser Monja, se puede llevar Ordenado 50 años y no ser más que un solterón, se pueden haber cumplido años y años de Matrimonio y no haber pasado de una mera cohabitación, se puede ser Adorador constante y no haber intuido siquiera lo que es la Eucaristía…
– ¡Ah, qué bueno! Y cuando la han interrumpido…
– «¡Fuste, hijas, que tengáis fuste, lo primero!»
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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