– ¡Hija mía, cómo te pareces a tu padre!
– Sí, lo dices a menudo.
– En cuanto nos comprometimos y decidimos casarnos, tu padre buscó la fecha más próxima: ¡nada de esperas!
– Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el 27 de junio.
– En esa devoción coincidíamos los dos. Siempre he sospechado que el bueno de Tasio algo urdió para que nuestro compromiso se pronunciara a tiempo de poder celebrar la Boda ese día.
– No me extrañaría: pues, ¡bueno es él, cuando algo se le mete entre ceja y ceja!
– Y, después, ¡nada de complicarse la vida en protocolos, fastos y dispendios!
– Sí, admito que, con razón, me sacas parecido: Yo quiero comenzar pronto el Aspirantado. Y, aprovechando que, este año, es tan prontito la Pascua, me gustaría que fuera en el Domingo de la Santísima Trinidad.
– Algo te he oído decir antes, cuando hablabas por teléfono. Pero, ¿por qué en esa fecha? ¿Quieres ser Trinitaria?
– ¡Ah, sí, era con Paco Asteguieta, el Visitador! Aún no me he terminado de decantar por ningún Carisma, aunque la cosa va definiéndose.
– ¿Entonces?
– Ama, recuerda que, en ese Domingo, se celebra la Jornada Pro Orantibus.
– ¡Ay, es verdad, la Jornada por las Órdenes Contemplativas! Ahora te entiendo.
– Este año tiene un lema precioso: «Corazón orante y misionero.»
– ¿Misionero?
– ¡Claro, Ama! El Papa no hace más que repetir que, sin la Vida Contemplativa, no es posible la acción evangelizadora de la Iglesia.
– ¡Ah, ya caigo! ¡Si una Carmelita Descalza es la Patrona de las Misiones! ¿No es Sta. Teresita?
– ¡Eso es! Santa Teresa de Lisieux.
– ¡Hija mía, qué repolluda te has hecho para estas cosas!
– Bueno, bueno, tu marido no parece opinar igual que tú.
– ¡Qué razón tienes! Lo que nunca, fíjate qué Cristo ha plantado en lugar bien visible de la tienda. Está que babea.
– ¡Y qué bonito!
– Otro de nuestros rescates. Si llegas a ser Monja, sé más cuidadosa, a la hora de disponer de los objetos de culto.
– Lo procuraré.
– En fin, cómo nos hacéis vibrar los hijos.
– Oye, Ama, ¿no vienes al Via Crucis?
– ¡Claro, cómo no! Ya sabes que, en Cuaresma, nunca me lo pierdo.
– Pues, no te va dar tiempo a regar todas las plantas. A ver, trae esa jarra, que ya me ocupo yo de las del balcón.
– ¿Sabes, hija?
– Dime, Ama.
– Me gusta mucho eso del Aspirantado.
– Ya sabía yo. Pues, ahora, es obligatorio.
– Y no debes estar todo el año en el Monasterio. Es así, ¿verdad?
– Así es. Es una especie de año propedéutico, como dirían en el Seminario. Un aterrizaje paulatino, vaya.
– Me parece sabio, sí.
– A ti lo que te gusta es que pase alguna temporadita en casa, con la familia, ¡que eres gallina clueca!
– ¡Hala, hija! ¿Qué sabrás tú? ¿No ibas a regar las plantas del balcón?
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
(Visited 62 times, 1 visits today)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.