LA VIDA BOCA ARRIBA (VIII)

Dejemos a Ana y a Kepa. Por poco tiempo, pues volvemos a encontrárnoslos, sólo una semana después de su conversación anterior. Han coincidido, inesperadamente, en la Capilla de Adoración Perpetua.
– ¡Hola, Kepa, qué bien me vienes!
– Ana, ¿cómo tú hoy por aquí? ¿No es el sábado cuando sueles venir?
– Sí, pero me pidieron cubrir al adorador de este turno. Y al verte por aquí, en el Confesonario, sin mucha gente, a estas horas, me he atrevido a entrar. Kepa, ¡qué días llevo!
– ¿Qué pasa?
– A ver cómo te lo cuento… Mira, llevo dentro, muy dentro, una sensación dulce, muy agradable. Pero, recibo continuos aguijonazos que me la agrían. Y no sé a qué atenerme.
– Será muy incómodo.
– Tú ya te habrás dado cuenta: Me seduce la idea de abrazar la Vida Contemplativa; de ser Monja, vamos; sí, de Clausura. Me parece hermosísimo, de Dios. Pero, no me sueltan algunas preguntas, casi acusatorias: ¿No estaré loca por distinguirme de lo común? ¿Es que las demás Vocaciones no son hermosas y de Dios?
¿Recuerdas el Rosario que te llamó la atención? Ahora, no hay día en que no lo rece. Me impresionó cómo el Papa presenta a la Virgen María como la contemplativa por excelencia. Sí, en la Vultum esa que me dejaste. Y les dice a las Monjas: «Como María, sed también vosotras «escalera» por la que Dios baja para encontrar al hombre y el hombre sube para encontrar a Dios y contemplar su rostro en el rostro de Cristo.» Fíjate si lo leí y lo rumié, que esto me ha quedado grabado en la memoria.
– ¡Caray!
 
– En casa, algo se huelen. Claro, es que saben de mis idas y venidas, ven los libros que tengo sobre mi mesa… Y me ven cambiada; para bien, según dicen. Pero, en mi madre, que creo que me tiene calada, adivino preocupación. El otro día, viendo la peli de la noche, en TV, me soltó, cuando apareció una monja, personaje que, te podrás imaginar, no quedaba muy bien: «Hija, si alguna vez te da por entrar en un Convento, piensa bien lo que dejas y lo que te vas a encontrar en la realidad, fuera de tus sueños. Y tu padre, ¡no quiero ni pensar cómo reaccionaría!»
 
– Oye…
 
– Y luego está mi Párroco, D. Serafín.
 
– ¡Qué bueno es! Estuve un año con él, en mi primer destino.
 
– ¡Ya lo creo que es bueno! Entregado, como nadie. Una vez le oí decir que su tiempo no es suyo, que él no tiene tiempo de su propiedad, sino que le pertenece a Dios. Por eso, hace más mella en mí que lleve ya varias veces lanzándome indirectas para que me vaya en verano a las Misiones. Dice que allí puedo ayudar en muchas cosas: Catequesis, grupos de Oración…
 
– Ana, lo tenemos que dejar. Viene «clientela». Te llamo, ¿vale?  

 (Continuara)

Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao

 

 
(Visited 88 times, 1 visits today)

Related posts

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.