LA VIDA BOCA ARRIBA (XI)

«Puede que llegue yo antes que esta carta. Te la escribo, de todos modos, porque, nada más llegar al aeropuerto, partiré con mi familia para pasar quince días en la casa de la abuela, allá en el pueblo.
Kepa, el modo de vivir la Fe de estas gentes es otra cosa, me zarandea la conciencia y creo que me marcará para siempre. ¿Recuerdas aquella famosa foto de unos Católicos de Siria que no tuvieron empacho en contraer Matrimonio en una iglesia de Homs cuyo techo había sido destruido en la persecución?
Pues, resulta que ayer viví una escena parecidísima. Era, también, una Boda, en un templo destruido. Ya sabes que aquí fue muy cruenta la guerra que enfrentó a Mordania Oriental y Mordania del Sur. En nuestros medios de comunicación, se hablaba de un conflicto entre religiones. Pero, lo cierto es que se trataba del control de zonas con ricos yacimientos de priogmio. Como te puedes imaginar, el asunto no era en absoluto ajeno a las potencias occidentales, que por ahí andaban con sus manejos. Y, a río revuelto, hubo quienes aprovecharon para resolver otros contenciosos. Así, por ejemplo, el territorio donde está la Misión vio literalmente diezmada su población, de amplísima mayoría católica, a causa de las campañas desatadas por tribus de Mordania del Sur, con una secular pretensión de ocuparlo para extender su propia religión por la fuerza.
Disculpa que te lo cuente, aunque fuera yo la que no tuviera edad, entonces, para seguir todo esto por los medios. Pero, algo me dice que tú recibiste otra versión de los hechos, mucho más simplificada, por interesada. ¿No es así?
Hace 20 años que terminó la guerra. Las heridas aquí siguen a la vista. Pero, ¡qué testimonios, Kepa! El perdón, tan sincero; la Fe vivida con alma, vida y corazón; el Evangelio como norma de vida y no como arma arrojadiza para discutir en los salones parroquiales.
También aquí hay pecado, por supuesto; no quiero caer en idealizaciones. Por cierto, la gente se confiesa; y, aunque hay colas bien largas ante los Confesonarios, nunca he visto a nadie que haya intentado, siquiera, colarse. La Fe es, por estos pagos, más un corazón que palpita que una razón que elabora abstractas ideas; y palpita para mover los brazos, las piernas… y el cerebro.
Hace una semana, tuve un poco de fiebre. Pues, los niños de la Cate, enviados por sus padres, se fueron corriendo al pueblo vecino para avisar al médico. Vano fue que les tratara de convencer de que me bastaba con el Baletripán ese que llevo de casa.
En fin, también quiero compartir contigo que voy reconociendo con mayor nitidez lo que Dios quiere para mí. Me quiere Consagrada a Él, Kepa. Eso ya no me lo quita nadie de la cabeza. Mi corazón rebosa de gozo al escribírtelo.»
(Continuará)
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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