LA VIDA BOCA ARRIBA XII

 Kepa, ¡¡¡qué ganas tenía de verte!!!
– ¡Hola, Ana! Pero, oye, ¡qué cambiada te encuentro! Estás mucho más delgada…
– ¡No me hables! Y eso que mi abuela me ha cebado bien, en el pueblo. Verduritas de la huerta, sí; pero, chorizo, ¡como nunca! ¡Hasta chocolate a la taza me ha preparado tres veces! Lo que pasa es que, en la Misión, la vida era un entregarse sin apenas descanso; aunque, ¡con qué satisfacción personal!
– ¿Contenta?
– ¡Pufff, no sé ni qué responderte! Quizá, si empiezo por mi abuela, ya que la he mencionado… Yo la admiro, Kepa. A mis padres les quiero muchísimo, pero a ella la admiro. Un día, comiendo en aquella cocina, mi padre quitó la razón a mi madre, delante de nosotros. Cosa rarísima que eso ocurra en mi familia, cuando de asuntos domésticos se trata. Pues, la mirada de la Señá Cloti, que así la llamamos de guasa, taladró los ojos de su hijo, que rectificó inmediatamente.
Ya lo ves: una mujer con autoridad, de una pieza, con una personalidad curtida a través de la vivencia, nada atenta a las modas, de unos valores sólidos. Perseverancia, sacrificio y Fe. ¡Que le vengan a mi abuela con la ternura o el trabajo! Lecciones puede dar a cualquiera. ¿Fe convertida en vida? La de mi abuela, aunque nunca haya hecho Revisión de Vida ni Lectio Divina.
Pero, lo que más envidio, en este momento, es verla tan íntegra y tan inmutable, fiel a sus principios y elecciones vitales. Porque yo, que te escribí, tan segura, que veía clara la Llamada que Dios me dirige para que me consagre a Él, resulta que no permanezco insensible a los señuelos de triunfo y realización que me llegan, por tierra, mar y aire, a través de los medios; y, a veces, encuentro gusto en los ojos con que me miran algunos chicos. Soy quebradiza, Kepa; inconstante.
Y la Cloti, que no ha hecho cursos de psicología y se queda extrañada cuando oye hablar de energías y positividades varias, mira lo que me dijo un día, como quien no quiere la cosa: «Niña, ¿tú sabías que el Tiburcio, el que compró la parcela del río, se salió de Cura, cuando lo del 68? Sí, hija, se casó, eso sí lo sabes. En general, todo el mundo lo aceptó bien; pero, el otro día, al salir de Misa, oye lo que nos soltó a D. Casimiro y a mí, que quedamos los últimos: ‘Siempre me ha quedado dentro una cierta insatisfacción, una nostalgia, un anhelo.’ Fíjate, Anica, ¡dicho 50 años después!»
– Esas vacilaciones tuyas son normales, mujer.
– La oración, la abandoné bastante en el pueblo, dejándome llevar por la vida muelle de unos días de vacaciones. Y ahora, de regreso, me siento sin ganas de retomarla; sin fuerzas, incluso, como si de un esfuerzo sobrehumano se tratara.
– Eso se llama…
– Y ando nerviosa, irascible, perezosa…
– Mira, Ana, S. Juan de Ávila tiene algo para ti, jejejé: «Todos los engaños vienen de no orar.» ¿Te sirve?
(Continuará)
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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One thought on “LA VIDA BOCA ARRIBA XII

  1. Lara

    Seguimos acompañando a Ana en su montaña rusa particular y aprendiendo con su proceso. ¡Gracias!

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