– Pablo, ¡cada día, vienes antes!
– D. Serafín, tengo necesidad de orar tranquilo. He pensado que tenía que ser antes de que empiecen a llegar quienes van a terminar de hacer los preparativos para la Cena del Señor.
– ¡Bien pensado! Pero, ¿te excluyes de ese grupo?
– ¡Ah, no! No me he expresado con precisión, me temo.
– ¿Qué tal, la Misa Crismal?
– ¡Muy bien! ¡De maravilla! ¡No sabe cómo me ha calentado el corazón!
– Eso ya se nota. No hay más que mirar al reloj.
– Ya, antes de entrar en la Catedral, me ha parecido una gozada verme entre Fieles que acudían de las distintas Vicarías, Movimientos, Asociaciones y Cofradías; ¡presentes todos los Estados de Vida!
– Es un acontecimiento en que se hace visible que, en la Diócesis, somos Pueblo que camina, pastoreados por el mismo Cristo en la persona de nuestro Obispo.
– ¡Eso! ¿No se nota, también, en la Procesión de Entrada? A mí, se me ponía la carne de gallina. ¡Y cuántos Curas! De todas las edades. En Comunión.
– No me extraña, Pablo. Además, ¡esos acordes del órgano y el canto del Coro!
– Otra cosa que me conmovía: ¡cuánta Belleza! ¿No es la Belleza una vía de acceso a Dios?
– Sí, Pablete, sí; y, quizá, la más eficaz para la Evangelización, entre nosotros, en este momento. Si presentas la Fe como Verdad, ya sabes…
– Sí, tú tienes tu verdad y yo la mía. O, como Pilato: ¿y qué es la verdad?
– ¡Exacto! Si recurres a la Bondad, no hace falta que te explique…
– … sí, lo cuestionados que estamos en el aspecto ético-moral.
– Sea con razón o, mucho más a menudo, sin ella.
– Y luego, la Liturgia, tan cuidada, que me refería al Misterio y me ayudaba a abrirme a Él.
– ¡Anda, Pablo, aprovecha para orar un ratito!
– Sí, que va a venir la gente, antes de que me entere.
– ¿Sabes quién trae los Óleos?
– Creo que Flora. Por cierto, ¡otra preciosidad! Bendición y Consagración de los Óleos; y desde allí, ¡a distribuirse hasta la última Parroquia de la aldea más remota!
– Es verdad, Pablo.
– Pero, a mí, lo que me ha emocionado más ha sido el momento en que ustedes, los Presbíteros, renovaban sus Promesas sacerdotales.
– Me parece muy bien, pero, ¡anda, a rezar!; ¡sin olvidarte de nosotros!
– Y la Homilía de D. Zacarías me ha llegado al corazón. ¿No le ha llamado la atención cómo ha insistido en que «con la Vocación no se juega»? Por cierto, he visto, también, a Matías, el de la Promoción Vocacional y…
– Pablo, ya no tienes más que un cuarto de hora. ¡Aprovéchalo, hombre!
– Y que sin Misión, la Iglesia no tiene razón de ser…
– ¡Adiós, Pablo!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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