– Nuestra barca avanza solitaria, movida por la corriente, que discurre plácida, aquella tarde. Nosotros contemplamos desde la orilla. Todo parece orientado a un buen fin. El río es bueno. Lo son sus aguas.
– ¿Se puede saber qué me estás contando, Ana?
– De repente, nuestra barca gira, convulsa. Y elude, por milímetros, un remolino. Su rumbo ha variado, empero.
– Oye, Ana, ¿qué desvarío es éste?
– Kepa, tú siempre me escuchas. Ten un poco de paciencia, hombre, que es un sueño que he tenido esta misma noche.
– Esa pinta tiene, pero, en fin, no sabe uno…
– El percance influye en mi mirada, que ya no se detiene sólo en la barca, nuestra barca. Y veo altas rocas. Y restos de madera de otras embarcaciones; no tan antiguas, algunas.
– Oye…
– Y barcas, casi podridas, envaradas en las frondosas orillas. Sólo la nuestra avanza. ¿Habrán llegado otras? ¿Vendrán otras por detrás?
– No te creo, Ana. Demasiado elocuente, para ser un sueño; ¿no te parece?
– ¡Que sí, Kepa!
– Más parece una parábola.
– Hay ocasiones, en que mis sueños son muy vívidos. Y, sí, elocuentes.
– ¿Has estado dándole vueltas a algo?
– Sí, Kepa. Para empezar, hija de mi tiempo, me reconozco en esa visión narcisista: la mirada fija en mí, que busco ser colmada de aceptación.
– Eso dicen: que vivimos en una cultura narcisista.
– Dios me ama, mi vida es buena: ¡no hay más que hablar!
– Sí, nos ha salvado en Cristo: de modo que, aquí paz y, después, gloria.
– Sin embargo, ¿qué hacer con los tropiezos de la vida, con los obstáculos y encrucijadas?; ¿quién determina el rumbo?
– ¡Qué curioso! Dices «determina»; ¡podías haber dicho «orienta»!
– No me había dado cuenta…
– San Pablo nos habla del «combate de la Fe». Él, que con tanta fuerza subraya el primado de la Gracia.
– ¿Por qué, entonces, Kepa, esa especie de inocencia con que se dibuja al ser humano?
– Puede que…
– ¿Y la concupiscencia, esa suerte de fuerza de la gravedad espiritual, que tira de nosotros hacia abajo? ¿Y los ardides del maligno?
– Ya veo que ese sueño no ha brotado de la nada.
– ¿Sabes lo que soltó Tino, la última vez que estuve donde las Mikelinas?
– Ni idea, Ana.
– Que la Iglesia debe dejarse evangelizar por inmigrantes, tanto cristianos como musulmanes.
– Ya veo que…
– O sea, aquí todos son buenos. Sólo hemos de protegernos de la propia Iglesia.
– ¡Ana, tranquilidad!
– Sí, sí, pero, luego, Kepa, todavía hay quien cuestiona, como pretendiendo merecer el Nobel, que la oración, total, ¿para qué?
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
(Visited 64 times, 1 visits today)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.