– «¡Ven Tú, Señor, que has puesto en mí el deseo de Ti!» No hago más que repetir esta invocación, en mis distintos ratos de oración; también, por la calle. Mira, Rebe, es algo muy bueno que tiene el mutismo de Kepa y de la Madre Catalina: que recurro a Quien debo, sin desviar la atención.
– Chica, ¡le das demasiadas vueltas! Más de una y más de dos te llamarían loca si dejaras a Baldo, así, sin que haya pasado nada que lo justifique. Como sabes, no está la tajada en el plato por falta de gato. Yo entendería que te fueses con esas Monjas de Spiritus Mysterium, a las que siempre se ve tan contentas y felices, guitarra en mano dentro y fuera del Monasterio. Pero, ni están esas en la Diócesis ni a ti se te ha visto nunca inclinación hacia ellas.
– Bueno, Rebe, ¡hay que ver qué claro lo tienes! No sé yo si para tus cosas funcionas igual…
– ¡Eh, no me recuerdes lo del destino de las vacaciones! ¡Eso es juego sucio! ¡Jajajajá!
– ¡Jajajajá! No, no era eso lo que te iba a mencionar; ¡qué clase de amiga sería, jejejé! Pero, en fin, dejémoslo.
– ¿Qué piensas hacer, Ana?
– Es Cuaresma. ¿Qué mejor tiempo para abrir mi corazón al Señor? ¡De par en par! ¡Y rostro en tierra! A Baldo ya le he dicho lo que hay. No te diré que lo haya entendido; ha mostrado, eso sí, un profundo respeto, que le agradezco enormemente.
– ¡Qué suerte tienes, para lo chalada que estás! Es lo primero que, llena de tacto y finura, se me ocurre decirte. ¡Jajajajá!
– ¡Es verdad, jajajajajá! Esta Cuaresma la estoy viviendo como nunca antes. Y Dios me está regalando mucha Paz. Desde luego, no pierdo ni una oportunidad de aprovecharme del torrente de Gracia que Él me ofrece. Por eso, no escatimo tiempo ni esfuerzo para la oración; me vuelco en la escucha de la Palabra; nadie me quita mi Misa diaria ni mis ratos de intimidad con Cristo, en la Adoración; he empezado a visitar enfermos; y no desprecio los sacrificios que poder ofrecer al Señor, mirándoLe en la Cruz.
Sigo sin reconocer el Plan de Dios para mí; y hasta me impaciento, a menudo. Sin embargo, este tiempo es un auténtico Regalo, una Bendición del Cielo.
– No sé si te entiendo, Ana, pero intuyo que estás acariciando algo muy hermoso. ¡Cuenta, también, con la oración de esta pobre cabra loca que es tu amiga Rebe! ¡Venga un beso!
(continuará)
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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