– «Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno sólo de cuantos han acudido a Vuestra Protección e implorado Vuestro Socorro, haya sido desamparado…»
Como San Bernardo, a Ti acudo, Madre, con total confianza. A Ti, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre mía. Tú eres la Mujer del SÍ, de la confianza radical, del corazón entero, de la entrega total, del abandono anonadado. Eres Mediadora de todas las Gracias.
Mírame, te suplico, Tú que eres Madre, a mí que soy Tu hija. Te siento dulce y tierna, y me acuesto en Tu regazo. «He aquí la esclava del Señor», dijiste, en ese momento decisivo para la humanidad. Pero, Mamá, Tú tuviste una ventaja: El Ángel te dijo que ibas a ser Madre de un Niño y te respondió cuando inquiriste «cómo iba a ser eso». ¿Por qué a mí nada me dice? Poco soy, mas soy clave en el Plan de Salvación de Dios, por mi Bautismo. Tú ves cómo se afianza mi confianza, se acentúa mi abandono, se consolida mi entrega y mi corazón os pertenece, cada día más, a Tu Hijo y a Ti, Madre querida. ¿Cómo ha de ser, en mi vida?…
– ¡Ana, te busca D. Serafín!
– ¡Ni en el oratorio puede estar una tranquila! Pablo, ¿no ves que estoy en oración?
– Perdona, hermanita, pero es que me ha mandado a buscarte. Te espera en el despacho.
– En fin, voy; pero, si ni siquiera en la Parroquia ayudan a una…
– Ana, tú estás a punto de caramelo…
– ¡Venga, Pablo, no te aproveches! ¡Que aquí no te puedo hablar como mereces! Vamos.
– ¡Hola, Ana! Cambia de cara, mujer. ¡Que te quiero hablar de la excursión de este año!
– ¿Y para eso me interrumpen?
– ¡Calma, que esta excursión tiene alguna peculiaridad! Una de ellas es que no la van a organizar las de los últimos treinta años. Recordarás que lo anunciaron el año pasado. Que ya están cansadas de tanto lío y demás. Así que, te tocará echarnos una mano, ¿no?
– Bueno, iré poniendo las ganas…
– ¡Jajajá! Y el lugar, también quedó decidido, el lunes; por fin, nos aclaramos. Iremos a visitar el Monasterio de Leyre. Si te digo la verdad, creo que nunca, desde que soy Cura, he visitado un Monasterio de Vida Contemplativa, en una excursión parroquial. ¡Anda, veo que te ha cambiado la cara, Ana! ¿Qué ha sido?
Continuara….
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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