LA VIDA BOCA ARRIBA XXV

– Tasio, tenemos que ir asumiéndolo. Son sus vidas.
– Mmmmmm.
– ¡Tasio, cariño!
– ¡Quieta, no me arranques las gafas, que ya te miro, mujer!
– ¿Algo que decir?
– Estás muy guapa, chata.
– Te estaba queriendo hablar de Ana y Pablo…
– ¡Ah, ya! Mira, Isabel, son sus vidas.
– ¡Anda, sí me estabas escuchando!
– ¿Yo? ¡Eso sí que no!
– ¡Muy gracioso! Ya sé quién va a llevarnos mañana a visitar a las Rosalindas a mi prima y a mí.
– Ana, ¿no?
– Ana no puede…
– Bueno, me enmendaré; ¡disculpa, querida!
– ¡A ver! ¿Qué me estabas diciendo, antes de empezar a patinar?
– Que creo que voy asumiendo la posibilidad de que Ana se nos haga Monja, ¡y de Clausura!, y Pablo entre en el Seminario.
– Me das una alegría, Tasio. Te veía molesto.
– Bueno, ya sabes que tu marido es un poco soñador. Y yo tenía la ilusión de que alguno de los tres continuase con la tienda.
– Sí, eso se te ha notado siempre.
– Parece que no va a ser así, pero el mayor sí que encaja mejor en mis sueños, con su máster y sus prácticas en un gran bufete y sus sanas ambiciones de carrera.
– Sí, es luchador y muy capaz, como su padre.
– Y sensible, inteligente y generoso, como su madre.
– No cuela, jefe.
– ¡Que soy sincero! ¡Que no es por lo de tu prima!
– O sea, que lo vas aceptando.
– Isabel, todo esto me ha ayudado a pensar con una perspectiva más amplia. ¿Y sabes qué?
– Tú dirás…
– Pensándolo bien, echo en falta en nuestro mayor la Fe de sus hermanos.
– ¿En serio?
– Oye, Isabel, cierto es que soy más bien frío en mis expresiones sobre la vida cristiana. Siempre me siento en el último banco y lo que quieras. Pero, seguro que recuerdo mejor que tú cada Homilía de D. Serafín de los últimos dos años. En Misa, no sólo está mi cuerpo; también mi corazón y mi mente.
– Eso ya lo sabemos, hombre.
– ¿Recuerdas cuando soltó D. Serafín que sin Sacerdote no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia?
– No, pero tú me lo estás trayendo a la memoria. Yo estoy pensando mucho en aquello otro que dijo, el año pasado, cuando la visita de las de Spiritus Mysterium: la Vida Contemplativa como profecía de un Reino que es el más real, el de Dios.
– ¡Mira, qué bueno! Luego, es verdad que soy un tanto despreocupado a la hora de trasladar todo eso a mi vida. Y, desde luego, la educación en la Fe de nuestros hijos, la tengo delegada, de hecho, en ti, desde siempre. Os debería pedir perdón por ello.
– Trabajas mucho. Y, en casa, siempre te has ocupado de nosotros, sin dejarlo para más tarde.
– ¡Gracias! Resulta que hasta me voy ilusionando. ¿Te das cuenta? Ana y Pablo, escogidos por Dios para servirLe en exclusiva, sin más Mediaciones que la Iglesia. Eso es excelso. ¡No hay palabras!
– ¡Ten cuidado, Tasio, que la cosa no está hecha!
– ¡Es verdad! ¡Jajajajá! Por cierto, os llevo yo a tu prima y a ti. ¿Qué sería de una jornada sin sus cruces?
– Allá va tu premio, simpático.
– ¡Ay, qué violenta! ¡Jajajajá!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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