LA VIDA BOCA ARRIBA XXXI

– Kepa, ¡en mi vida me he visto en tal aprieto!
 
– ¿Qué pasa, Ana? ¿Qué te aflije?
 
– Oye, en serio, ¿te acuerdas de la convivencia del colegio de las Petronas? Fue uno de los momentos en que ofrecí mi testimonio, en verano.
 
– ¡Ah, sí!, allá en Cuentalaspiedras, ¿no? 
 
– ¡Qué va!; más lejos, en Sauce del Barranco.
 
– ¡Cierto!
 
– Pues, resulta que ha contactado conmigo una de las chicas que estuvo. Nekane, se llama. Y nos hemos visto para compartir un refresco y charlar. Dice que la impactó lo que dije sobre la Vida Contemplativa y que lleva dándole vueltas desde entonces.
– ¡Caray, Ana! Ya veo que no fuiste a perder el tiempo en aquellas charlas.
– Me siento abrumada, Kepa. Yo sólo quise dejar claro que Dios nos hace llegar personalmente su Llamada y que las dirige a distintas Vocaciones. ¡No vayas a sospechar que yo tratara de encauzar a las chicas a los Monasterios de Clausura, presentándome como autoridad en la materia!
– ¡No, mujer! Eso, para nada se me pasaría por la cabeza.
– Yo no sé cómo orientar a esta chica. ¡Si ni siquiera yo termino de decidirme en cuanto a mi Vocación!
– Yo la enviaría a donde las Pasionistas. Con ese nombre, María Dolores…
– ¡Muy gracioso! ¡Kepa, hombre, que estoy nerviosa!
– ¡Pues, tranquila! Si lo tienes facilísimo, calamidad. Envíala donde Paco Asteguieta. ¿No es él el Visitador? ¿Y no es él quien te involucró en aquellos encuentros veraniegos? 
– ¡Es verdad, qué tonta! Además, ¡con lo accesible que es!
– ¿Has charlado con él, con cierta calma?
– No, fuera de cosas organizativas, relacionadas con lo del verano.
– ¿Por qué no matas dos pájaros de un tiro?
 
– ¿Cómo dices?
– Quedas con él para ponerle en contacto con Nekane y, de paso, le hablas de ti, con el detalle que tú quieras.
– Es que…
– No es cualquiera, Ana. Y lo digo por lo que se le ve que ama la Vida Contemplativa y cada aspecto de su Ministerio. Además de estar muy bien preparado, aunque sea novel como Visitador.
– Sí, es verdad, no me obligo a nada y me puedo enriquecer con otro punto de vista cualificado.
– Y, sobre todo, con otra relación personal con alguien que tan apasionada y fielmente se entrega por nuestra querida Iglesia. 
– ¡Gracias, Kepa! Noto que mi yo eclesial va tomando cuerpo, y eso me hace sentir más madura.
– Es que estás más madura, Ana. Y lo propio del fruto maduro es caer del árbol.
 
– Ya.
 
– ¿Sabes que estuve charlando con la Madre Catalina?
 
– ¡Qué me dices!
 
– Sí, se acordaba de ti. Me dijo que reza mucho por ti.
 
– ¡Mira, Kepa! No hay palabras para dar gracias a Dios por las maravillas que está obrando en mi vida. Y a algunos otros, tampoco.
Continuará…

Francisco Javier Rojas

Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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