LA VIDA BOCA ARRIBA XXXIII

– Pablo, ¿te vas?
 
– Sí, he quedado con el Chango.
 
– ¡Ah!, este es el del moño, ¿no?
 
– ¡Ese! Me va a enseñar la bici que se ha comprado su padre, que debe de ser el último grito. Y luego…
 
– Oye, ¿no tienes un momento para hablar?
 
– ¿Con quién?
 
– Con tu hermana; ¿con quién va a ser?
 
– ¡Jo!, no me riñas, que no recuerdo que me hayas pedido audiencia nunca antes.
– No sé si no me estoy arrepintiendo.
– Espera, que le voy a poner un mensaje al colega. Ya me enseñará la bici esa otro día. A ver… ¡Listo!
– Pablo, tu hermana siempre te ha querido. Lo que es nuevo es la admiración con la que te miro, de un tiempo a esta parte.
– Ana, ¿me quieres pedir algo? Ahórrate la captatio benevolentiae, que no te hace falta. Ya sabes que por mi hermana soy capaz casi de cualquier cosa.
– Escucha, tontorrón.
– Esto me resulta más familiar. Me siento más cómodo.
– ¿Callarás un minuto? ¿Por qué tú fuiste tan rápido en decidirte?
– Bueno, la cosa iba fraguando en mí. Al principio, no lo notaba.
– Sí, pero en cuanto lo notaste, fue dar el paso; ¿no es así?
– Creo que sí.
– ¿No ves? Tú, un sí inmediato. Anita, dándole vueltas, meses y meses.
– Yo sólo te puedo decir algo sobre mi decisión. Llegado, en un punto del camino, a una encrucijada, decidí, con las razones que me parecían de mayor peso, por dónde seguir. Y eso hago, paso a paso, sin pensar todo el rato que me pueda haber podido equivocar. Habitualmente, es así como llegamos a los sitios, ¿no?
– Sí, pero también te puedes perder.
– Yo siempre me acuerdo de un Salmo que dice: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles.» Sin Él, ni un paso. Con Él, sin embargo, somos capaces de llegar a cualquier sitio.
– O sea, la naturalidad de vivir paso a paso, y la confianza en la Gracia que nos precede.
– Sí, algo así.
– ¡Anda!, vete a ver la bici esa; que he recibido de ti más luz, en un minuto, que en centenares de horas de cavilaciones mías.
– ¿Te he ayudado?
– ¡La tira!
– ¡Gracias, Ana!
– ¡Un beso!
 
– Señor, Tú que eres Dios Providente, ¿por qué no me das la sencillez y confianza de este hermano mío?
– ¿Me estás diciendo algo?
– No, Pablo, no es a ti.
 
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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2 thoughts on “LA VIDA BOCA ARRIBA XXXIII

  1. Javier

    La confianza en Dios abre el cauce para mil Gracias con que Él desea colmarnos en la relación personal.
    ¡Muchas gracias por tu comentario, Lara!

  2. Lara

    Sin Él, ni un paso, con Él la duda es confianza. Para Ana, para Pablo en sus decisiones y para cualquiera de nosotros en nuestro día a día

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