LA VIDA BOCA ARRIBA XXXV

– Pablo, ¿qué tal Ana?
– ¡Ay, Rebe, ya me lo han preguntado cincuenta, por lo menos! ¡Cómo lo vamos a saber si, durante estos días, no llama a casa!
– ¿Ni mensajes ni nada?
– ¡Nada! Según entraba en el Convento para «la experiencia», tenía que entregar el móvil.
– Pues, no lo entiendo.
– ¡Yo, sí! ¿Qué prueba va a hacer, si se mantiene conectada con el mundo? Lo único que haría es cambiar de espacio.
– Sí, bien pensado…
– Rebe, me encanta lo que estáis haciendo en la Cofradía.
– Sí, es que a los Cristianos Perseguidos los tenemos muy olvidados; ignorados, incluso.
– Primero, aquello de vender productos de esas Contemplativas con las que compartís Advocación.
– Sí, todos los primeros sábados de mes. ¡Qué menos, con lo que ellas rezan por nosotros!
– Es verdad: cada vez que yo me descuido en la oración, sé que están ellas supliéndome, como red de seguridad.
– Oye, tú no te descuides, ¡que vas para Cura!
– No te precipites, Rebe, chica. Primero, entraré en el Seminario. Y antes, tengo unas cuantas asignaturas por delante; ¡y el trabajo de síntesis para el grado!
– Bueno, no te agobies, hombre, que tú no eres nada mal estudiante, por lo que me cuenta Ana.
– En fin…
– ¡Poco presume ella de su hermano menor!
– Sí, ya, oye, decíamos que esto de los Cristianos Perseguidos es asunto que merece atención.
– Yo me he dado cuenta hace ná. Es que, si pones las noticias, siempre hablan de cosas que parecen más importantes.
– Pero, fíjate lo que ha dicho este hombre de Auxilia a la Iglesia Perseguida, este…
– Gabriel Méndez Cos.
– ¡Ese! Que debemos darnos cuenta de que son nuestros hermanos, porque la Fe hermana.
– Adoptados por Dios como hijos suyos, en el Bautismo; por tanto, hermanos entre nosotros.
– Y los vídeos del programa de Rachel Martí me han parecido de lo más elocuente. ¡Gente corriente que da su vida por la Fe en Jesucristo! Que acude a Misa, aun en medio de amenazas de muerte; que ofrece, sinceramente, su perdón, a los asesinos de un familiar…
– Sí, y por aquí, todo el día escuchando, poco menos, que la Religión mata.
– A mí me da un poco de rabia una cosa, Rebe. Es verdad, que los Cristianos nos hemos de preocupar por todos. Pero, resulta que nos preocupamos de cualquiera menos de los nuestros.
– Porque no los consideramos nuestros.
– ¡Y resulta que somos la Religión más perseguida en el mundo!
– Sí, y hablamos de muertes.
– ¡Claro!, porque mira cómo distinguen la persecución religiosa de lo que es discriminación o de lo que es un ambiente hostil, que puede preludiar ambas realidades.
– Centenares de millones de Cristianos que viven en países donde hay persecución religiosa…
– En fin, ¡Maranathá! Por cierto, Rebe, también a ti te veo un poco distinta. Nunca habíamos tenido una conversación así.
– Lo recibo como un piropo; ¡gracias, Pablo! Ana y tú no os dais cuenta de que lo que estáis viviendo vosotros, también nos hace bien a los que tenéis cerca.
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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