LA VIDA BOCA ARRIBA XXXVI

– He estado como en la Gloria. Pero, con algunas matizaciones.
– ¡Anda, despáchate!
– Mira, Kepa, el ambiente de silencio ha sido sobrecogedor. ¿Tú sabes lo que daría por gozar, a menudo, ese clima de recogimiento?
– No sabes bien cuánto nos hace falta a otros.
– Ahora bien, ya me conoces. ¡Cómo no!, me traigo asimismo mis peros.
– Si no los trajeras, me preocuparías.
– ¡Caray, qué fama!
– ¡Qué va! Es que siempre los hay, y no es bueno pasarlos por alto. Las idealizaciones son muy peligrosas.
– ¡Ah, ibas por ahi!
– ¡Uy, menos mal!, acabo de salvar el pellejo in extremis.
– La cosa es que sólo ha sido una semana. Una semana la disfruta cualquiera que lleve una mínima disposición.
– ¡No tanto, Ana! Pero, sigue…
– 24 horas al día, sólo para Dios, buscando lo mejor para las Hermanas. Saber que eres el pulmón oracional de la Iglesia y, a la vez, testimonio para todos de que hay un Dios que nos ama personal e ilimitadamente.
– Una Vocación excelsa.
– Claro, que en los Monasterios veo que se trabaja mucho. Desde luego, en mi empleo no trabajo yo más que ninguna de las Canaítas de Zorzobrales, salvo las enfermas.
– Eso hay que verlo para creerlo ¿verdad?
– ¡Y tanto! A mí, de entrada, me choca un poco este labora de la Vida Contemplativa. Y también el lege. ¡Hala, a estudiar!
– ¡Claro, es que las Monjas no son Ángeles ni espíritus!
– Ora et labora et lege. Creo que es de San Benito de quien toman este lema de vida.
– Así es.
– Y luego, hay dos cosas, muy concretas, que me preocupan.
– Dispara.
– Una, que las otras jóvenes son ugandesas. Parecen majísimas; muy piadosas. ¡Y qué sentido musical! Pero, en la convivencia se adivinan fuertes contrastes culturales, que no sé yo si serán siempre salvables.
– Sí, en esto compartes la preocupación de la Iglesia, empezando por la Santa Sede.
– Y, luego, Kepa, igual soy un poco bruta, pero me veo cuidando mayores durante muchos años.
– Lo dices por la media de edad.
– Sí, ya te he dicho que hay dos enfermas; y, además, varias que están echando el resto, a pesar de los años y los achaques.
– Ya veo.
– Me planteo ser Monja, Kepa; no, cuidadora de ancianas.
– ¿Y ahora? ¿Has pensado algo?
– Sí, he oído que hay también experiencias de mes.
– Me suena.
– Quiero hacerla, Kepa, porque voy en serio.
– Me alegra mucho esa seriedad de tu planteamiento. ¿Esperarás al verano?
– No, no quiero dejar pasar más tiempo. Creo que, en la oficina, me pueden adelantar las vacaciones.
– ¡Mira!
– Sin embargo, no lo tengo tan claro en cuanto al Monasterio. Por lo que te acabo de decir de las Canaítas. En cuanto a las Rosalindas y las Mikelinas… tampoco lo veo.
– ¿Por qué no lo hablas con el Visitador? Saliste muy contenta de aquella charla con él, cuando lo de Nekane.
– ¡Buena idea! Sí, Paco Asteguieta creo que me podrá aportar alguna luz.
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
(Visited 41 times, 1 visits today)

Related posts

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.