“Misericordiada” por Dios

Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama“. ¿Tengo yo esa experiencia de Dios? ¿Me acerco a Jesús por curiosidad o para recibir su perdón y su amor? ¿Respondo yo al perdón de Dios con mucho amor? ¿Se me ha perdonado tanto por el mucho amor que he mostrado o que he sentido viniendo de Dios en mi propia vida? ¿Se ve ese amor en las cosas pequeñas de mi vida (como a la mujer de este pasaje del Evangelio, en cosas que el fariseo no ha hecho)? ¿Qué pesa más en mi vida: el pecado cometido en el pasado, o la misericordia y el amor de Dios que me empuja hacia el futuro como seguidor suyo? ¿Experimento todo esto también en el sacramento de la Reconciliación o Confesión? En palabras del Papa Francisco, ¿me siento “misericordiad@” por Dios?

Del Evangelio según san Lucas (7, 36-8, 3)

Un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”.

Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”.

Él respondió: “Dímelo, maestro”.

Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?”

Simón contesto: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama”.

Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?”

Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Paolo Veronese, La cena en casa de Simón el fariseo
Paolo Veronese, La cena en casa de Simón el fariseo

Dos reflexiones para profundizar:

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