Norte y sur

Cuando me propuse a venir al País Vasco, mucha gente con la que hablaba tendía a decirme la gran diferencia que había entre el norte y el sur de nuestro país, y ya no solo por el clima, que es algo que se nota bastante, sino en tradiciones, cultura y gentes. Y es que, en España, no hay solo diferencias en cuanto a la lengua y el acento, que es algo más que evidente, sino en otras muchas cosas, pero aquí es donde reside la gran riqueza de nuestro país.

Sin duda alguna, la cultura de la gente del sur, es una cultura de calle, porque durante la mayoría del año, hace un tiempo más que agradable. En cambio, en el norte, la gente hace más vida en casa que en la calle, y de aquí nace que el carácter del sur sea más abierto que el del norte, pero ¿realmente es así?

Se dice que el norte la gente es más reservada, menos abierta, pero, aunque a primera vista esa es la percepción, puedo asegurar que los vascos, en este caso, son si cabe, más acogedores y cercanos que los del sur; en muchas ocasiones nos pasamos por ser “demasiados abiertos” y reconozco, que aquí, tengo que cortarme porque la gente no llega a entender mi forma de ser.

La diferencia paisajística es algo más que evidente; cuando cojo el avión en Bilbao y sobrevuelo el cielo vasco es todo verde, frondoso, con vida, y conforme me voy acercando a mi tierra, y sobrevuelo Alicante, ese paisaje se vuelve amarillo, desértico, árido y lleno de piscinas donde poder sobrellevar el calor de los meses de verano que dura de abril a octubre.

Otro de los datos que más me llama la atención es la longevidad de la gente en el norte. Recuerdo un día que iba montado en el autobús y una señora se puso a hablarme, y después de haberme contado su vida, me dijo que tenía noventa y cinco años, ¡no me lo podía creer!, aparentaba la edad de mi abuela que tiene ochenta. Y es que es un dato objetivo, y no solo por leerlo en las esquelas del periódico, según un estudio, la longevidad en el norte y el sur de España muestra desigualdades extremas.

Y ¿por qué no hablar de gastronomía? Yo pensaba que en Murcia era donde mejor se comía, incluso en mis viajes a Andalucía, tierra que visito con bastante frecuencia, pensaba que no se podía superar el arte culinario, pero reconozco que el norte marca la diferencia. Y es que, aunque en nuestro país se come bien en cualquier sitio, admito que la gastronomía vasca es una cocina mucho más elaborada que la del sur, además de que el tamaño de las raciones es tan considerable, que muchas veces, con un pintxo de tortilla ya has tenido más que suficiente para comer. Aun así, reconozco que echo en falta algunos productos típicos de mi tierra como el chato murciano, el pastel de carne o el cocido con pelotas, pero que sustituyo con unos pintxos, con un chuletón de ternera o unas antxoas.

El sur, gana con diferencia, al norte en cuanto a fiestas. Y pese a que aquí encuentro mucho más tradicionalismo, más vivencia familiar, en el sur nos echamos a la calle durante muchos días, y las vivimos de otra manera, pongo como ejemplo la Feria de Sevilla o las Fiestas de Primavera de Murcia. Es cierto que el Sur de España es mucho más participativo, en cuanto a la piedad popular, que el norte, por su presunta devoción mariana, la Semana Santa, las romerías y demás actividades lúdico-festivas.

Pero todas estas diferencias que en un principio parecen distanciarnos tanto a los del norte y los del sur no existen como tal porque no hay un norte y un sur, sino una mezcla de saberes que enriquecen nuestro país y es motivo de que España sea el mejor país del mundo para visitar.


rafa sanchez

Rafael Sánchez
Seminario Diocesano de Vitoria
1º Filosofía (I Fase)

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