El seminario junto con el obispo Don Mario, los formadores del seminario y sacerdotes que celebraban aniversario de ordenación, realizó del domingo 20 al 28 de enero una peregrinación a Tierra Santa, en clave de ejercicios espirituales, para vivir con más profundidad, los sitios, tan importantes para nuestra fe que íbamos a visitar.

La tarde del domingo 20 salimos hacia Madrid, desde donde volaríamos, a la mañana siguiente, rumbo a Tierra Santa. Esto lo sabíamos, pero lo que no sospechábamos era la acogida que en Madrid nos esperaba: varias familias de las parroquias de nuestro guía, el sacerdote Javier Siegrist, no dudaron en abrirnos las puertas de sus casas para darnos alojamiento y una magnífica cena. Sin darnos cuenta, la peregrinación ya había comenzado incluso antes del vuelo, con el ejemplo de solidaridad cristiana de estas familias.

 A la mañana siguiente, sin importar lo temprano que pudiera ser (¡que lo era, y mucho!) estas mismas familias nos acercaron en coche al aeropuerto. Después de un vuelo de cuatro horas y media, aterrizamos en Tel Aviv con un clima muy diferente del que dejábamos detrás: este día -así como toda la semana siguiente con excepción del último día, era seco y soleado, de temperatura agradable y todo nos parecía diferente e incluso exótico, en este país nuevo para la mayoría. Con cada vez más ganas, nos dirigimos en autobús a Nazaret, donde nos esperaba una experiencia que iba a superar con creces todas las expectativas. Empezando por nuestra primera eucaristía, en la Basílica de la Anunciación: en su interior se conserva parte de la casa en la que María vivía con sus padres, la misma casa en que dio su “sí” al plan de salvación de Dios.

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