Viernes en Belén

Hoy con inmensa alegría nos hemos levantado antes del amanecer para acudir a la basílica que custodia el lugar donde nació Jesús, en la gruta de belén, es interesante ver que la puerta por donde se entra a la basílica es pequeña, se le suele llamar la puerta de la humildad, porque solo desde la humildad se puede entender el misterio del nacimiento.

Hemos celebrado una Misa con mucha rapidez puesto que el lugar es demandado por las distintas confesiones cristianas, solo teníamos media hora para celebrar. El lugar era pequeño pero acogedor. Un bello espacio, donde yacen los restos de lo que pudo ser la gruta de Belén donde nació Jesús.

Tras la Misa hemos aprovechado para conocer la Basílica con las diversas grutas, unas de las cuales se atribuye que serviría de residencia de San jerónimo cuando estuvo en Belén por motivo de la traducción de la Sagrada Escritura.

Luego vivimos un momento de meditación junto en las instalaciones de la Basílica, para posteriormente acudir al desayuno. Tras el desayuno hemos visitado la gruta de la leche, que según la tradición era el lugar donde las mujeres de la época daban de amamantar a sus bebes, cuentan que todas las grutas eran de piedra de color negro, y esta gruta resalta por su tonalidad blanca de modo que resalta entre todas. La tradición popular afirma que se debe a una gota de leche de la Virgen que se derramó en la roca y le transformó el color.

Tras el almuerzo visitamos la maqueta de la ciudad de Jerusalén en tiempos de Cristo, en el mismo lugar están disponibles para la visita los rollos del mar muerto, los documentos bíblicos más antiguos de la Sagrada Escritura.

Luego peregrinamos hacia la Basílica de la Anunciación, rezando el Santo Rosario entre los seminaristas, los sacerdotes y el Señor Obispo. Seguimos el camino de subida por unas escaleras para dejarnos deslumbrar por la belleza de la Basílica.

Tras la cena un grupo de seminaristas con el Padre Javier fuimos a conocer la ciudad con destino al muro de las lamentaciones, pudimos ingresar tras ponernos la kipá, una especie de solideo que usan los judíos para rezar. Luego de casi dos horas de caminata regresamos a la casa de peregrinos a descansar.

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