PEREGRINACION A TIERRA SANTA (VI)

Comenzando un nuevo día en Jerusalén, tomando el bus para ir al Monte Sión: una colina de Jerusalén en la que se encuentra fuera de las murallas de la ciudad vieja.  en donde fuimos participes de las renovaciones Sacerdotales de los sacerdotes diocesanos que nos acompañaron, posterior a este momento agradable, donde pudimos recordar momentos en los que Jesús por medio de su ejemplo nos dejó tomamos rumbo al Cenáculo en donde después a esto tuvimos un rato de oración, reflexión. Donde nos invitaba a ser partícipes y reencontrarnos en ese momento que era el de la ultima cena.

Posterior a esto, fuimos recorriendo por las calles de esta zona, contemplando y viviendo lo que, en su momento, Jesús vivió por este lugar. La aventura seguía comenzando, nuestro próximo destino la Basílica de la dormición, cerca de la Puerta de Sion. Se encuentra en el lugar en el que, según la tradición, tuvo lugar la dormición de la Virgen, una vez establecidos en este lugar, nos encomendamos a la virgen santísima para que, por medio de su ejemplo, nosotros como seminaristas le digamos ese “Sí” como ello lo dijo, a su vez dejando un espacio de oración personal, para que todos ahí podamos dejar nuestras oraciones.

Después al finalizar la mañana visitamos la iglesia de San Pedro in Gallicantu, allí visitamos la mazmorra en donde Jesús paso una noche antes de ser juzgado de manera oficial. Impresiona visitar aquel lugar, en donde al preso lo introducían por medio de unas cuerdas en un agujero oscuro, del cual solo se veía el orificio de entrada. Recordábamos las palabras de Jeremías: – Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo. Mis amigos acechaban mi traspié:A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Que en aquel lugar debieron tomar su pleno sentido.

 

Por la tarde visitamos la piscina probática y la iglesia de Santa Ana. Allí pudimos hacer como decía San Ignacio una composición de lugar de lo que allí pudo ocurrir. Un lugar lleno de enfermos esperando a acercarse a la piscina para ser curados. Y cuando Jesús llega había un enfermo que llevaba 38 años esperando que alguien le acercara a la piscina. Y Jesús le pregunta ¿Quieres curarte? y ante la respuesta afirmativa del paralítico Jesús le contesta: –  Levántate, toma tu camilla y anda. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Tuvimos un rato de oración en la que pudimos reflexionar acerca de este hecho ¿Quiero ser curado?, el Señor sabe de mis fallos, no le sirven como excusa. El cuenta con nosotros a pesar de nuestras falta para seguir construyendo el Reino.

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