“Porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”

Titulo este artículo con una frase tomada de Mt. 19, 14 porque es como he vivido la experiencia el fin de semana del 18-20 del mes de octubre. La Hospitalidad de Lourdes cada año realiza una peregrinación al Santuario de la virgen de Lourdes, tal acto está conformado por hospitalarios, voluntarios, enfermos, personas de edad avanzada, adolescentes, peregrinos y también nos unimos los seminaristas como parte de nuestra formación y crecimiento en todas las dimensiones; este año fuimos aproximadamente 600, de los cuales 110 enfermos. Para realizar todas las actividades de manera ordenada como se habían programado, nos dividieron por grupos para no descuidar nunca a un enfermo o a quien esté necesitado de ayuda, este año tuve la gracia de formar parte del equipo de los niños, que necesariamente no lo son, pero que se les llama así, por la inocencia prolongada en la que viven con felicidad.

El objetivo de nuestro y seguro el de todos los grupos era el de estar con y para ellos, son la parte esencial de nuestra peregrinación, hacerles sentir el amor de Dios y de nuestra Madre pasando momentos agradables, son en estos momentos en las que te das cuenta de que no estamos solo y que plan de Dios de amar a los demás como a uno mismo demuestra la felicidad que produce hacerlo. El itinerario era: despertarlos, ayudarles a bañarse y vestir (si fuera necesario), colaborar en el desayuno, movilizarlos para los actos religioso como la Santa Misa, pasar los tiempos libres con ellos: cantando, contando chistes, bailando, entre otras actividades; que no tenía otra finalidad que no sea el verlos sonreír y estoy seguro de que lo logramos, pero creo que más que nosotros fueron ellos quienes nos alegraban y le daban sentido a nuestro estar.

¿Que si me ayudó esta experiencia en mi discernimiento vocacional? Respondo con esta frase bíblica “hay mas felicidad en dar que en recibir” y es lo que sentí felicidad, la que me lleva a fortalece mi opción vocacional, el ser sacerdote para servir con felicidad. Gracias a los que lo organizan todo con amor a la Madre, a Pablo como presidente; a Cristina y Txus, quienes estuvieron a cargo del equipo, a los adolescente y jóvenes con quien compartí esta experiencia y que dieron de su tiempo con alegría, y en especial a los enfermos que con su inocencia alegraban cada segundo que pasábamos con ellos.

Marco Antonio Muñoz Castro

Seminarista de primera fase

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