“Proclama la Palabra… exhorta con toda paciencia” (2 Tm 4,2)

Servidor de la Palabra

El anuncio del Evangelio constituye el primer deber del apóstol: “iAy de mí si no predico el Evangelio!” (1 Co 9,16). Este anuncio, con su correlativa denuncia, se realiza primeramente por el testimonio de vida.

El mismo término “cristiano” fue inventado por quienes no lo eran: “En Antioquia fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de ‘cristianos'” (Hch 11 ,26).

Esta cualidad de oyente y servidor de la Palabra introduce la especificidad del cura en el servicio de los sacramentos y en la animación de la comunidad.

En la celebración litúrgica, la Palabra ocupa un lugar central, de modo que los diversos ministerios se articulan según la densidad de su referencia a ella. Para animar la comunidad cristiana, el cura no basa su ministerio primeramente en un poder, sino en su calidad de testigo de la Palabra.

Al servicio de la misión

El servicio a la Palabra comporta un talante misionero, tanto cuando interpela a la comunidad, como cuando es anunciada a quien no tiene noticia o apenas ha oído algo de ella, con especial predilección por personas y grupos empobrecidos y desfavorecidos de todo tipo. El cura no es el propietario de la Palabra, sino justamente al revés: es la Palabra la que le tiene.

Así, busca el trato frecuente con ella, en la Biblia y en la vida cotidiana. A través de la escucha atenta, el Espíritu le va modelando y le va indicando los modos más convenientes para anunciarla más adecuadamente.

Como se le dice el día de la ordenación, el cura está llamado a meditar y creer lo leído, a enseñar lo creído y a practicar lo enseñado. En una palabra, ha de predicar con el ejemplo, aun sabiendo que siempre será fragmentario y limitado.

Formación teológica

El servicio a la Palabra requiere estudio y reflexión teológica. Si todo creyente ha de dar razón de su esperanza (Cf 1 Pe 3,15), parece lógico aguardar de quien ofrece su vida al servicio de la fe de todos, una reflexión que ponga en contacto la Palabra con lo que vive la comunidad.

No es que la teología sea o haya de ser patrimonio exclusivo de los curas. Faltaría más!. Aquí se subraya el hecho de que al cura cabe exigirte la formación más adecuada y posible en cada caso.

Quien desdeña la formación teológica corre serio peligro de caer en el fundamentalismo o en el autoritarismo, que, cada uno a su modo, tratan de presentar una presunta o real convicción personal como universalmente válida e indiscutible. El estudio de la teología posibilita un mejor servicio de animación de la fe encarnada en una época y cultura determinadas.


A lo largo de estas semanas, vamos desgranando el segundo folleto “Tras Él”, escrito por Ángel Mari Unzueta.


angel mari unzueta

Angel Mari Unzueta
Vicario General de la Diócesis de Bilbao hasta el presente curso 2017-2018
Autor del Folleto “Tras Él 2: Identidad y misión del presbítero” (2003), de la Pastoral Vocacional Diocesana y el Seminario Diocesano de Bilbao

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