¿Qué es ser lector o acólito?

Este pasado domingo Jorge Ugalde y Alex Andreu fueron instituidos como lector y acólito respectivamente, en la Catedral del Señor Santiago de Bilbao. Pero ¿Qué esto de los ministerios? ¿Qué supone recibir el acolitado o el lectorado? Se suele bromear con preguntas como: ¿Ya eres monaguillo oficial? O ¿Por fin has aprendido a leer? Hay cuatro palabras que explican lo que son y suponen los ministerios: Don, tarea, Iglesia y vida.

Comencemos citando estos dos fragmentos de la primera carta de San Pablo a los corintios y de la carta a los romanos:

“…cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.” (1 Cor 12, 7 – 10)

Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando;” (Rom 12, 6 – 7)

En primer lugar, como ministerios que son se trata de un don. Dios mismo, por la acción del Espíritu, nos ha escogido, como a muchos otros, y ha moldeado nuestra vida para que comprendamos y gustemos más profundamente su Palabra y presencia Eucarística, por medio de la proclamación de la misma y el servicio al altar. Pero, no se trata solo de don, sino también de tarea. Él nos escoge para que, gustando y comprendiendo, vivamos para comunicar y entregar lo recibido. Tanto la Palabra, como la Eucaristía, transforman nuestra vida, haciéndola más semejante a la de Cristo. Esto es lo que ofrecemos, Cristo.

La siguiente palabra fundamental es “Iglesia”. Se reciben en la Iglesia y para la Iglesia. Es ella quien, con el obispo como cabeza de la misma, reconoce en ti una llamada y un actuar de Dios. Él desea acercarse al corazón de las personas por medio de la Palabra y el pan y vino eucarístico, que serán el cuerpo y la sangre de Cristo, para transformarlos dando vida en abundancia.

Por último, el obispo entrega el Leccionario y la patena, Cristo es quien nos encomienda esta tarea particular de proclamar y anunciar su Palabra y hacernos ofrenda agradable a Dios que se entrega por los hermanos. Uno sirve, presta su voz y sus manos para que Jesucristo pueda hacerse presente. Además, presta sus conocimientos, su oración, su vida, para explicar y enseñar lo recibido. Servimos y ayudamos en el obrar de Dios.

Acolito Alex Andreu

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