El sábado pasado 18 de julio hicimos una salida a Artxanda con el grupo de discernimiento vocacional, formado por cuatro chicos de alrededor de quince años, que vienen periódicamente al seminario a reunirse y plantearse la vocación. Subimos a Artxanda y después tuvimos la misa en el seminario, seguido de la comida que también la hicimos aquí.

Este grupo es una oportunidad que da el seminario, para los chicos que perciban o descubran cierta inquietud vocacional puedan dar respuesta a ella, por medio del contraste con los compañeros y los formadores del seminario.

La Adolescencia, que cada vez se alarga más es un periodo ideal para pensar: ¿Y yo, porque no ser sacerdote? Hoy día no suele estar entre las opciones a valorar. Hace poco nos hablaban de unos altares de juguete que ya solo se encuentran raramente en los anticuarios y que se regalaban a los niños para jugar a celebrar la Eucaristía. Al igual que se podía regalar unos juguetes para jugar a ser carpintero. Era una opción habitual ser sacerdote, hoy no.

 

Por eso que la vocación es algo a proponer sin miedo. Ya que es importante poner nombre a las inquietudes que sentimos. A veces lo descubrimos bien por medio del ejemplo de los demás, o bien porque alguien que nos conoce bien piensa que eso puede ser bueno para nosotros.

Fue un día muy agradable, para los chavales y también para los seminaristas que les acompañamos. ¡En septiembre esperamos repetir de nuevo otra experiencia parecida!

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