San Carlos Borromeo

En primer lugar, debo decir que es un auténtico “descubrimiento” esta figura de san Carlos: es una figura muy interesante desde el punto de vista espiritual y pastoral. Enciende el ánimo.

Perfil del santo

La figura de san Carlos es muy provocadora, porque pone en crisis muchos aspectos del modo de pensar y vivir del mundo actual. Es una figura plenamente evangélica. A él se pueden aplicar las palabras de Jesús:

“Quien guarda su vida, la perderá; pero el que entregue su vida por Mí, la ganará”.

Es admirable, e imitable con la Gracia de Dios, de olvidarse de sí mismo para entregarse totalmente a los demás. Impacta su decisión de desprenderse de todo lo terreno y material para seguir a Cristo. Él sí tenía mucho a lo que aferrarse, y más en aquella época, reunía todas las condiciones para ser un engreído y un soberbio (de buena familia, sobrino de un Papa) y fue todo lo contrario: un hombre que dejó actuar a Dios en su persona, que se dejó guiar por el Espíritu Santo. Tenía el don de la fe, pero quiso crecer en ella: así nos demuestra la respuesta humana al amor gratuito de Dios, que siempre nos ha querido primero.


Biografía breve

San Carlos cuyo nombre significa «hombre prudente» ha sido uno de los santos extraordinariamente activos a favor de la Iglesia y del pueblo que sobresale admirablemente. San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio aquella frase de Jesús: «Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará«, murió relativamente joven porque desgastó totalmente su vida y sus energías por hacer progresar la religión y por ayudar a los más necesitados. Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

Nació en Arjona (Italia) en 1538. Desde joven dio señales de ser muy consagrado a los estudios y exacto cumplidor de sus deberes de cada día. A los 21 años obtuvo el doctorado en derecho en la Universidad de Milán. Un hermano de su madre, el Cardenal Médicis, fue nombrado Papa con el nombre de Pío IV, y éste admirado de sus cualidades nombró a Carlos como secretario de Estado. Más tarde, renunció a sus riquezas, se ordenó de sacerdote, y luego de obispo y se dedicó por completo a la labor de salvar almas.

San Carlos fundó 740 escuelas de catecismo con 3,000 catequistas y 40,000 alumnos. Fundó además 6 seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios. Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.

Murió cuando tenía apenas 46 años, el 4 de noviembre de 1584. En Arona, su pueblo natal, le fue levantada una inmensa estatua que todavía existe.

Fuente: Aciprensa


Tres aspectos o ejemplos destacables de su biografía que podemos aplicar a nuestros tiempos:

1. La fidelidad a la propia vocación: estado de vida ( sacerdotal – religiosa – matrimonial ) como forma propia de la identidad del cristiano

Borromeo fue muy consciente de qué significaba ser obispo de una importante diócesis en tiempos difíciles de transición, cambio y reforma, y precisamente por ello trató siempre de adecuar sus decisiones y sus acciones a una verdadera “deontología”, a la fue fiel y firme.
Él era el primero en no aceptar las medias tintas ni los apaños, que fácilmente tiran hacia abajo del listón en nombre de una insulsa mediocridad. Los historiadores nos recuerdan que cuando era joven cardenal en Roma, antes de su llamada “conversión”, había vivido un “cristianismo sin pena ni gloria”, acomodado. Éste es el riesgo que en todo tiempo corremos los cristianos, los propios curas y obispos: conformarnos con una vida cristiana insulsa.

2. La formidable capacidad de saber conjugar de manera equilibrada la acción y la contemplación

Viendo las muchas imágenes e iconografía de san Carlos, lo encontramos absorto en la oración, especialmente frente al crucifijo y a la Pasión de Cristo, inmerso en verdaderas experiencias místicas. Pero la fuerte dimensión contemplativa que supo imprimir a su vida nunca lo distrajo de su deber de pastor de almas. Antes al contrario, podemos afirmar que se convirtió en uno de los grandes modelos de obispo y pastor precisamente porque su actividad pastoral estaba profundamente impregnada de oración y contemplación. San Carlos “hizo” mucho en su vida, estuvo realmente “omnipresente” en su diócesis de Milán: predicaciones, visitas pastorales, erección de seminarios, atención material por los enfermos de peste, sobre todo, como los grandes obispos de la Edad Media, fue auténticamente “pater pauperum”, padre de los más pobres y los más débiles: no hay más que pensar en lo que supo realizar desde el punto de vista caritativo y asistencial durante los momentos dramáticos de las penurias y la peste de 1576.

Éste es el mensaje siempre actual que nos llega de san Carlos: la oración y comunión con Dios, no nos arrancan de la historia y sus exigencias sino que nos introducen en ella con profundidad para renovarla.

3. La dimensión ascética de su vida

San Carlos Borromeo, de Borgianni

Sobre este punto fue muy riguroso, hasta llegar a despertar fuertes críticas y malentendidos en quienes vivían a su lado. Fue pobre, casto, humilde, penitente; practicaba con gran seriedad el ayuno, prolongaba la oración durante las horas nocturnas para no restarle el tiempo diurno a los compromisos pastorales; reducía a lo mínimo el reposo, e incluso tendía no descansar nada. Sabemos que los médicos le recriminaron varias veces que no se cuidara suficientemente, y él, como única respuesta decía que si uno les hace caso a los médicos no se puede ser un buen obispo. La muerte, que le llegó cuando solo tenía 46 años, selló una vida que se había desarrollado literalmente en las prácticas ascéticas.

Este es un aspecto que nos asombra, como también a sus contemporáneos, que justamente se preguntaban si san Carlos era imitable en estas virtudes debido a su carácter de heroicidad. De todas formas, aquí hay una enseñanza valiosa: aunque hoy en día hablar de “ascesis”, “penitencia”, “renuncia” nos expone al riesgo de no ser comprendidos, sin embargo, necesitamos exigencia para estar lúcidos y para responder bien a la Gracia de Dios. El estilo de vida de este santo obispo es una fuerte llamada a tener una vida sobria, a redescubrir el autocontrol y el dominio de los sentidos y las pasiones, a tener una libertad interior que lleva a un camino de verdad, justicia, bondad y belleza.


San Carlos Borromeo es patrón de catequistas y seminaristas. Su fiesta se celebra el 4 de noviembre.

Para más información sobre su vida y obra, pincha aquí.


Dionisio Larrañaga

Dionisio Larrañaga
Sacerdote Diocesano de Bilbao
Director espiritual del seminario

 

(Visited 276 times, 1 visits today)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.