Sobre verbos y nombres

Cuando uno estudia una lengua nueva, como es mi caso, y además una lengua como el tonga, tan diferente al español, vuelven a tu cabeza, casi de modo irremediable, los conocimientos gramaticales que se aprendieron en tiempos jóvenes. Y ello porque uno intenta ir construyendo frases muy básicas que tengan sentido, para lo cual es imprescindible, al menos, un verbo; en la mayoría de los casos, además, un nombre (o pronombre). Así se construye una oración mínima con sentido, con un predicado y un sujeto.

Por eso me gustaría enumerar quince verbos y quince nombres que, combinados entre ellos, describen básicamente la experiencia de estos primeros meses de mi estancia en Zimbabue.

Mis primeros cinco verbos, porque a través de ellos vivo y han de ser el principio de todo. VER. OÍR. OLER. GUSTAR. TOCAR. Procuro aprehender con todos y cada uno de mis cinco sentidos, incluido mi sexto sentido para las cosas -aunque a veces sea pequeño-, todo lo que me rodea. ¿Pero qué es lo que veo, oigo, huelo, gusto, toco (e intuyo)?

Aquí es donde hacen entrada en escena los cinco primeros nombres, de donde me alimento. GENTE. ZIMBABUE. DIÓCESIS. CLERO. IEME. En efecto, las personas y su cultura, este país y sus contradicciones, la diócesis de Hwange y su historia, los curas locales y su manera de vivir el ministerio, los compañeros del IEME y su modo de ser misioneros son de donde se nutren mis funciones vitales.

Sí, funciones vitales, o verbos vitales. SENTIR. PENSAR. HACER. ESPERAR. CREER. Son los verbos que ocupan mi vida a diario, o al menos lo intento hasta donde el estudio del tonga me lo permite. Son las funciones que intento que den sentido, precisamente, al estudio del tonga, o lo que es lo mismo, a mi vida aquí en Binga, que no es otra cosa que mi vida como misionero.

Como consecuencia de estas funciones vitales aparecen unas reacciones inevitables, reacciones que son mis últimos cinco verbos. GUSTAR. COMPRENDER. JUSTIFICAR. ACEPTAR. COMPARTIR. O podrían ser los verbos antónimos. O también una combinación de todos ellos porque hay cosas que me gustan, las comprendo, justifico, acepto y comparto. O también todo lo contrario, ya que hay realidades que ni me gustan, ni las comprendo, ni justifico, ni acepto ni comparto. O también actitudes que comprendo pero que no justifico. O cadaunadas que sin gustarme acepto…

Y surgen las disyuntivas, los diez nombres que me quedan. ¿ADAPTACIÓN a estas realidad, porque es así, o TRANSFORMACIÓN lenta y silenciosa? ¿CLAUDICAR ante lo que ves o RESISTENCIA impertérrita? ¿SILENCIO para guardar la paz o PALABRA que ilumine oscuridades? ¿ANUNCIO explícito del Evangelio o TESTIMONIO entre la gente? ¿INTEGRACIÓN como la sal o DIFERENCIA como la luz?

Supongo que las respuestas a todas estas preguntas irán apareciendo poco a poco, dadas por el Señor y por la vida. Seguramente no serán sólo verbos y sustantivos, sino que habrá que añadir adjetivos, adverbios, conjunciones… que matizan los verbos y los nombres, los modifican y los ponen en relación. Yo, de momento, me seguiré aplicando a la gramática tonga, por eso de ir profundizando en los entresijos de esta lengua… a ver si poco a poco soy capaz de construir frases que vayan más allá del verbo y del nombre.


Leonildo Ramos

Leonildo Ramos
Misionero en Zimbawe
Sacerdote Diocesano de Salamanca, amigo del seminario de Bilbao

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