Hace un año, con motivo de la festividad de Santiago, fui invitado a acudir al que me habían comunicado que sería mi destino pastoral ya como seminarista de la tercera fase (con residencia en el destino) a partir del curso 2019/20. Recuerdo que acudí a la celebración y tuve oportunidad de comer después junto al párroco de Érmua y Mallabia (D. Alex Alonso) en lo que podría denominarse un primer acercamiento a lo que a lo largo de este último curso ha sido mi destino. Presidió la Eucaristía el obispo auxiliar, Mons. D. Joseba Segura.

Ambiente festivo en la localidad por todo lo alto con mucha gente en las calles celebrando las fiestas patronales. Misa mayor, comida sencilla, grata compañía y agradable conversación. Y sí, ha pasado un año y a la vez muchas cosas. En el momento el que escribo este artículo, decir que hoy también es festividad de Santiago; pero el ambiente en las calles debido al Covid no es festivo, con una afluencia de gente muy por debajo de lo que es habitual en las fiestas patronales. Del mismo modo, notablemente inferior ha sido la afluencia a la misa mayor, también hemos celebrado en casa un encuentro fraterno con una comida sencilla, grata compañía y agradable conversación. Ha pasado un año y han ocurrido tantas cosas…

Hace un año que aterricé por aquí y parece que fue ayer el día en el que me lo comunicaron. En aquel primer acercamiento a lo que ha sido la realidad pastoral en la que he estado inmerso a lo largo del curso, me fueron presentadas las líneas maestras de la acción pastoral al tiempo que me iba ubicando en el organigrama parroquial.

Hace unas pocas semanas me comunicaron que el próximo curso estaría destinado en Durango (Unidad Pastoral de Tabira), por lo que tenía que abandonar Érmua e ir a vivir a Durango a partir del próximo octubre.

Todos recordaremos el año 2020 por ser el año en el que se declaró la pandemia del Covid – 19 y por todas las cuestiones que nos ha traído parejas. Unas parece que de modo transitorio y otras parece que han venido para quedarse. Un largo confinamiento y la amenaza de otro es lo que vivimos en la actualidad. Un momento de generalizada increencia en el que las certezas generadas se resquebrajan y se ven como lo que son: castillos de naipes que no están sujetos con firmeza a la roca y que se traducen en un vivir al día sin importar las consecuencias. Toda una oportunidad de llevar el Evangelio allá donde más falta hace.

Así en un rápido repaso de lo que supuesto este curso en Érmua quisiera destacar la oportunidad de la cercanía con la gente de las parroquias y en especial con los niños y niñas de la catequesis, mi Equipo del alma, y con los diferentes grupos con lo que he trabajado directamente con mayor o menor continuidad.

Durante el confinamiento he tenido oportunidad de redactar la memoria de síntesis teológica para poner fin al ciclo institucional de estudios en la facultad de la Universidad de Deusto, que acabo de defender. El confinamiento lo he pasado en el Seminario compartiendo con los formadores y demás seminaristas la experiencia a la vez de nuestros momentos de estudio, encuentros, celebraciones y oración. Haber puesto fin con éxito a los estudios del grado de teología es una gran satisfacción personal, pues en necesaria una formación sólida para ejercer el ministerio al que me siento llamado.

Una rápida valoración de lo que ha supuesto este curso en Érmua y Mallabia me lleva a caer en la cuenta de que son muchas personas a las que debo agradecer su colaboración, pero ante todo es a Dios a quien le debo dar las gracias por haber puesto en el camino a tanta gente, tanta gente buena con un sentido de fe, de esperanza y de caridad con profundidad y amplitud de miras que son, junto a las demás comunidades con las que he tenido de compartir en este recorrido (Plentzia, Balmaseda, Zalla, Trapaga, La Arboleda, La Reineta, Ortuella, Urioste, Gallarta, Abanto, La Cuesta, Zierbena y Muskiz), una ayuda constante en la configuración con Cristo y una contribución efectiva para modelar la capacidad de escucha, el servicio y la caridad pastoral. Gracias a todos, pues sin vuestra ayuda nada hubiera sido posible.

Ahora toca poner fin a un periodo y dar inicio a otro; con pena por lo que queda a atrás y al tiempo con ilusión por lo que está por venir; toca hacer la maleta para ir de un destino a otro; pero jamás hemos de olvidar que las ovejas no son nuestras, que son del Señor, y estemos donde estemos allí serviremos al Pueblo de Dios para mayor gloria suya que no la nuestra.

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