Un día de misericordia

El Año Jubilar de la Misericordia convocado por el Papa Francisco ha comenzado. También en nuestra diócesis de Bilbao inauguramos el Año el pasado domingo IV de Adviento, 13 de diciembre de 2015, a las 12:00h. con la Eucaristía.

El pasado 8 de diciembre comenzó el Año de la Misericordia. Sin embargo, puede ocurrir que esto suene como algo bonito, gracioso, curioso, pero no termine de decirnos nada. Este riesgo se puede dar con mucho de lo que dice el Papa Francisco: a veces nos gusta utilizar sus frases, como eslóganes o poco más que estados de WhatsApp y olvidamos que no es eso lo que el Papa quiere, sino transmitir un mensaje profundo y liberador, que llegue hasta el fondo del corazón y nos haga agradecer el ser hijos de Dios. Nos ocurrió con la Evangelii Gaudium, un magnífico documento con decenas de ideas de enorme calado, que fue leído, repetido, proclamado y, por desgracia, en muchos lugares ya relegado a una balda de la estantería.

Podría ocurrir lo mismo ahora. Un año es mucho tiempo, y esta preciosa propuesta puede quedar reducida a un proyecto abstracto, una nebulosa que, por no concretarse, se disipa. Y así podría pasar el año y, al final, no haber sido diferente a otro año. Así que no, no pensemos en el largo Año de la Misericordia, sino en que hoy puede ser un día de misericordia. Sólo por hoy, y basta.

Cada día tiene su afán”, dice Jesús (Mt 6,34). Y es cierto, vivamos el afán del hoy, vivamos la misericordia hoy. Sólo por hoy amemos hasta el extremo a nuestra familia, a nuestros amigos, a quienes nos encontremos, nos caiga mejor o peor. Sólo por hoy, es fácil sonreír a todos, incluso a quien no comparte mis ideas. Sólo por hoy, puedo dejarme llevar por el Espíritu Santo y propagar ese fuego que Él hace nacer en mi corazón. Sólo por hoy, puedo imitar a Jesús y acercarme a todos, incluso a aquellos a los que nadie quiere acercarse. Sólo por hoy, puedo mirar con los ojos del Padre, que reflejan su corazón misericordioso y generoso, que me ama como nadie.

Este vivir así sólo por hoy es algo asequible para todos y tiene consecuencias inmediatas: un sólo día de misericordia ensancha el corazón hasta límites insospechados y lleva a otro día en el que también, sólo por hoy, me decido a ser misericordioso. De este modo, un día de misericordia se convierte en la puerta al Año de la Misericordia, y el Año pasa a ser puerta a una vida de misericordia. Y entonces sí, sin planes complejos y miles de palabras, encontraremos una manera de vivir con sencillez y enorme alegría la invitación de Jesús: “Sed misericordiosos como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36).


alex andreu

Alex Andreu
Seminarista Diocesano de Bilbao
4º Filosofía-Teología (II Fase)

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