Una vida plena

Si Dios quiere seré ordenado presbítero el próximo día 11 de junio, queda para ello menos de un mes, es este un buen momento para describir mi experiencia como diácono.

Lo cierto es que más allá de la descripción de las actividades o cosas que he podido hacer durante este tiempo, creo que lo fundamental ha sido experimentar en mi propia vida la vivencia de ser imagen de Cristo servidor.

Lo primero que me viene a la cabeza a la hora de escribir sobre esa experiencia es el deber de gratitud por todo lo que el Señor he realizado en mi durante este tiempo. La Gracia del sacramento me ha acompañado y he podido no sólo intuirla como una idea sino también entender que se trata de algo vivo y vivificante.

El servicio al que está llamado un diácono tiene que ver con las dos mesas en las que se fundamenta nuestra vida de bautizados. La mesa de los más necesitados que en mi caso ha estado más centrado en ir conociendo distintas realidades de necesidad de nuestro entorno como son la pastoral penitenciaria y la pastoral de la salud. Qué duda cabe que me hubiera gustado haber ayudado en muchos más ámbitos y de manera mucho más profunda, pero las limitaciones de tiempo han hecho que tuviera que limitarme a estas realidades. No obstante, y como dice Gonzalo Egia, hermano en el diaconado del que he aprendido mucho en este tiempo, uno nunca deja de ser diácono, por lo que me queda un largo recorrido para seguir sirviendo.

La otra mesa, la mesa de la eucaristía, también ha supuesto una oportunidad de encuentro privilegiado con el Señor y con la llamada que de Él he recibido. Decía antes que este tiempo del diaconado ha sido un tiempo de Gracia, lo cual se ve reafirmado por la posibilidad que he tenido de vivir tanto el Adviento y la Navidad como Cuaresma y Semana Santa siendo diácono. Es realmente emocionante poder proclamar el Evangelio en cualquier momento y circunstancia del año pero mucho más emocionante es hacerlo en los tiempos fuertes del año litúrgico.

Ciertamente se acerca la ordenación sacerdotal, y no he de negar que estoy deseando que llegue ya ese día. Pero la mirada a estos seis meses de diácono me lleva a decir con toda la sinceridad de la que soy capaz que, aunque en mi vida sólo fuera capaz de recordar estos seis meses, consideraría que mi vida ha sido una vida plena.


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Carlos Olabarri
Diácono Seminarista Diocesano de Bilbao
3º Licenciatura en Derecho Canónico (III Fase)

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