Rafael Sánchez y Txomin Alonso

Soy José Domingo Alonso (conocido en el seminario por «Txomin»), seminarista desde este septiembre, y mi edad es de 36 años.

Mi familia es creyente, con esa manera creer de las aldeas, simple, sencilla. Mi hermana, que me supera en 12 años, y yo, hemos estudiado en colegios religiosos. Ella en las mercedarias, yo en los agustinos.

Durante mis primeros 20 años participé en algo de la vida parroquial. Iba a catequesis, a algún grupo de tiempo libre, asistía a Misa dominical. Pero donde más tiempo estuve en contacto con Jesús fue en el colegio. Además, conocí la vida de san Agustín a partir del tebeo Agustín, el del corazón inquieto (claro que también con lo que nos hablaban de él los Padres Agustinos, y con lo que tuve que estudiar para pasar el acceso a la universidad).

Sin embargo, tras acceder a la universidad comenzó mi alejamiento de la vida en la Iglesia. Durante unos 10 años estuve ocupado en estudios, salir con amigos, salir con amigas, conocer mundo, buscar trabajo, creer en que la primera chica con la que sales en serio será para siempre. Confundir alegría con diversión, seguir con los amigos, creer que lo sabes todo, pensar que la teoría la puedes llevar a la práctica con facilidad.

Y descubrir que no es así…

Fueron, como digo, los locos años 20, hasta que hace 5 años y medio un primo mío le propuso a mi hermana se madrina del niño que iba a tener. Mi hermana, que siempre ha querido hacer las cosas con sentido, se planteó qué era ser madrina. Por eso, cuando se enteró de que debía estar confirmada, acudió a su parroquia de Orense (La Inmaculada) para informarse. Así, durante el tiempo que duró su preparación para la confirmación me fue contando sus aventuras, y lo que iba aprendiendo.

Esto hizo en mí que prestara atención a lo que estudiaba, y ello me llevo a leer la Biblia. Como durante mis estudios, más que memorizar, me gustaba comprender lo escrito, así actué al leer la Palabra. Leer y preguntarle por lo que quería decir.

Junto con esto, sucedió que mientras preparaba lo que iba a enseñar a un chico para que obtuviera el Graduado Escolar (pues uno de mis trabajos fue dar clases), llegó a mis manos el libro de religión que tenía para clase. No por que se lo pidiera, o por que él me lo diera expresamente. Más bien fue casualidad (o quizá no), pues le pedí los libros de asignaturas que se le hicieran difíciles. Y él, para no complicarse me los trajo todos. Pues bien, ese libro de religión, al final del primer tema (que leí de prisa y corriendo) encontré un ejercicio que consistía en ver una película y responder unas preguntas.

Las preguntas están aún por responder, pero la película no me canso de verla. Se titula, Un hombre para la eternidad, y cuenta los últimos años de Santo Tomás Moro, desde poco antes de ser nombrado Canciller de Inglaterra, hasta su decapitación. No me quedé sólo con la película, leí la vida y alguna obra de Santo Tomás, lo que me ha dejado huella.

Además de este santo, por mi trayectoria universitaria y viajera, ha habido 3 personajes que me han acercado a la fe desde la ciencia: Francesco Negri, George Lamaître y Emilio Soldevilla.

  • Francesco Negri es el primer turista que llegó a Cabo Norte, el punto más al norte de la Unión Europea, muy cerca del Polo Norte, para ver si allí había vida, y de qué tipo. Era italiano y hizo el viaje en la segunda mitad del siglo XVII d. C.
  • George Lamaitre era belga, y planteó la Teoría del Big Bang, la cual los científicos actuales aceptan como la que mejor explica el origen del universo. Fue coetáneo de Albert Einstein.
  • Emilio Soldevilla, que vivió en la segunda mitad del siglo XX d.C., fue un economista, miembro de la Real Academia de las Ciencias Económicas y Financieras, y precursor de la Facultad de las Ciencias Económicas y Empresariales de Sarriko, perteneciente a la Universidad del País Vasco (UPV/EHU); con su labor ayudó a comprender la actividad económica y a que se formaran profesionales que sirvieran a la sociedad en el campo económico.

Ellos tres fueron sacerdotes. Tres sacerdotes que, en sus quehaceres científicos, buscaron, encontraron y nos mostraron huellas de Dios en la Tierra.

Además de todas estas personas, también contribuyeron a estar donde estoy otras muchas. Mi párroco de hace un par de años, Fernando, que me abrió al grupo de referencia parroquial, cuando estaba con ganas de comprender la Palabra de Dios. El grupo de referencia, jóvenes de cincuenta, sesenta y setenta años, con los que descubrí la frescura del Evangelio. Las Hijas de San José, religiosas que vivieron en mi barrio; me ayudaron en mi caminar parroquial, dentro del grupo de referencia, hasta llegar al grupo Ibiltzen. El grupo Ibiltzen, casi todos son personas que están dando sus primeros pasos como padres y madres; son muestra de que en su generación es posible vivir la fe, hacer vida parroquial y sacar la vida adelante. Y por último, el grupo vocacional del Seminario, al cual llegué gracias a Ernesto (mi actual párroco). Por ellos pude ir aclarando, no sólo mi vocación, también cuestiones del magisterio de la Iglesia.

Todos me ayudaron a llegar al Seminario, camino que no ha sido fácil. Pero esto es ya otra historia… que dejo para más adelante.


Txomin AlonsoTxomin Alonso
Seminarista Diocesano de Bilbao
1º Filosofía (I Fase)

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