DIOS SE HACE PRESENTE EN LA DIFICULTAD

En estos tiempos que nos ha tocado vivir de dificultad, que quizá solo habíamos podido imaginar en alguna película de género futurista, Dios se hace presente.

Es en este momento, en el que nos vemos obligados a renunciar a nuestras rutinas, y a hacer lo que deseamos, es cuando Dios sale a nuestro encuentro. La salvación de Dios es para toda la humanidad, solo tenemos que caer en la cuenta de ello. Se da el encuentro de lo gratuito y sobrenatural de Dios y la libertad de cada persona para aceptarlo.

Cuantos de nosotros no hemos anhelado en muchas ocasiones, retirarnos por un tiempo a un monasterio, y vivir unos días en paz, o gozar de más tiempo libre para disfrutar de nuestra familia, realizar aficiones con calma, rezar con tranquilidad o aislarnos del mundo. ¡¡Este es el momento!!.

Ahora cuando se nos quita el relacionarnos cara a cara con los demás, cuando se nos prohíbe tocarnos, darnos dos besos cuando nos encontramos, o visitar a nuestros seres queridos es cuando más lo valoramos. Cuando nos damos cuenta que damos por hecho muchas cosas en la vida. Y que igual estos momentos sean buenos para discernir qué es lo que aporta de verdad valor a nuestra vida. La limitación de la posibilidad de disfrute eleva el valor de lo que se nos limita.

También podemos pensar, personalmente creo que todos lo hemos hecho, que nosotros también podemos ser los afectados por el virus, que quizá podemos ser de la lista de los que sin patología previa empeoran y fallecen, y fallecen solos, porque nadie les puede acompañar. Encontrarnos cara a cara con esta posibilidad nos puede hacer pensar en todo lo que nos gustaría haber hecho que no hicimos, y que si salimos de esta lo veamos con otra perspectiva. El verdadero ser del hombre nace de cara a la muerte.

Nos damos cuenta que no somos eternos, que no tenemos todo el tiempo del mundo, y que el tiempo es un valor que cuando se pierde nunca se recupera. Que la percepción de control sobre nuestras vidas es en cierta manera ilusoria.

Dios se hace presente como decía al principio, es un buen momento para relacionarnos con Él, tomarnos tiempos de silencio, y vivir esta oportunidad de intensificar nuestra experiencia cuaresmal; desde el punto de vista penitencial, pero también desde el punto de vista gozoso, de disfrutar de la compañía que aquel que sabemos que nos ama, que siempre está ahí, que no nos va a fallar.

Quisiera terminar con un poema se John Donne (1572 – 1651), que a mi me ayuda mucho a reflexionar acerca del otro, que como decía el filosofo Emmanuel Levinas (1905 – 1996) me interpela y me interroga y al hacerlo me hace salir de mi mismidad.

¿Por quien doblan las campanas?

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?   

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.


Gorka Campos. Seminarista de segunda fase. Estudiante de Teología.

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